¿Cuánto pesa Dios?

ist2_1704239-overweight-scale Todos conocemos o alguna vez habremos utilizado la expresión “vale su peso en oro”.  Esta semana, mis hijos están memorizando (y de paso mi esposa y yo también) I Corintios 10:31 “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” Según la Biblia, la gloria de Dios se refiere al valor, la importancia, el renombre o incluso la fama que Dios reclama sólo para sí.

 Sin duda, tal y como nuestro particular versículo familiar para esta semana indica, el tema de la gloria de Dios es una cuestión de importancia vital para el cristiano que no puede eludir cualquiera que sea aquello en lo que se vea envuelto. La vida entera es vivida con un sólo propósito: poner de manifiesto el valor, peso o importancia suprema que Dios tiene en su vida; haciendo grande en todo aquello en lo que esté involucrado el nombre de Dios, y no el suyo propio.

Todo lo dicho hasta ahora en esta entrada, contrasta dramáticamente con la reflexión que a continuación reproduzco de uno de mis autores preferidos, David F. Wells, al observar cómo Dios parece ir perdiendo peso en la sociedad y, tal vez (se deduce) también en la iglesia.  

“Una de las marcas más características de nuestro tiempo es que Dios ha perdido peso en la sociedad. Con esto no me estoy refiriendo a que Dios sea etéreo, sino más bien a que ha dejado de ser importante. De irrelevante que ha llegado a ser pasa totalmente desapercibido. Ha perdido todo el protagonismo que un tiempo atrás tuvo para el ser humano. Incluso para muchos de aquellos que según las estadísticas continúan afirmando creer en su existencia, en realidad Dios resulta menos interesante que la televisión, sus mandamientos menos autoritativos que el deseo que dicta ese apetito insaciable por tener más que otros o por influir más sobre los otros; sus juicios no logran un efecto más duradero que el que pueda producir el telediario de las 9; y su verdad nos conmueve menos que esa sarta de mentiras endulzadas de lo que llamamos “consejos comerciales.” En esto consiste la perdida de peso de Dios en nuestra sociedad. Le hemos arrinconado y finalmente apartado a la periferia de nuestras vidas totalmente secularizadas. Su verdad ya hace tiempo que ha dejado de ser bien recibida en nuestro discurso público. La maquinaria del mundo está en plena marcha y Dios, nos da la impresión, es simplemente un pequeño obstáculo en el camino que puede ser fácilmente superado” (traducción propia de God in the Wasteland, pp. 88-89).

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