Redeemer: una adoración evangelística I

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Esta entrada inaugura una serie de entradas que nos llevarán através de un largo artículo escrito por Tim Keller sobre la eficacia del culto de alabanza y de adoración como uno de los principales métodos evangelísticos a disposición de las iglesias. 

En este documento, Keller presenta la filosofía de Redeemer en relación a la adoración. También hace un análisis de la filosofía de Willow Creek y otras iglesias que insisten en separar la adoración de la evangelización, y de esta manera nos proporciona elementos importantes para la reflexión sobre cómo hacer de nuestras reuniones un lugar en el que no sólamente los creyentes se sientan a gusto, sino que también resulte atractivo para los no-creyentes que vienen buscando y necesitan desesperadamente oír las buenas nuevas del evangelio.

Redeemer: una adoración evangelística                                                                       * Adaptación al castellano de un artículo escrito por Timothy J Keller en 1996. Por cortesía de Redeemer Church Planting Center

Uno de los aspectos más llamativos de la iglesia presbiteriana Redeemer de Nueva York, es la clase especial de culto que allí se celebra. Muchos de los que visitan Redeemer por primera vez, enseguida quedan impresionados por alguna cosa que les hace percibir nuestro culto como “distinto” o “diferente”, sin saber especificar exactamente cuál pueda ser esa diferencia. Podríamos decir que nuestra meta es lograr “un culto que conecte.” Ciertamente, el propósito de nuestras reuniones es conectar a los cristianos con Dios, pero también a los no-cristianos.

 1. Conectando a los cristianos con Dios.

Ante todo, nuestro propósito es ayudar a los cristianos a encontrarse con Dios, a venir delante de su presencia. La predicación aspira a ser inteligente e instructiva mientras que la música pretende ser excelente y atractiva. Pero nuestra meta va más allá de la educación y de la estética, estos son sólo medios para la verdadera meta.  Sabemos que Dios tiene una presencia viva y personal y todo le que hacemos el domingo va encaminado a introducir a los participantes delante de esa presencia. Nuestra filosofía del culto reconoce así que el culto es algo que no podemos manipular y que, por lo tanto, el transcurso de cada reunión es una aventura. Porque ¡no podemos controlar la presencia de Dios!

Y puesto que creemos tan firmemente que el culto verdadero no puede ser programado, quienes nos visiten  podrán ver que no intentamos levantar las emociones de la gente de un modo artificial.  Los directores del culto se esfuerzan en su trabajo, pero no intentarán influir directamente sobre la voluntad y las emociones de la gente. Su cometido es dirigir la atención hacia Dios y hacia las verdades cristianas, y entonces se limitan a pedir a Dios que descienda.

No hay un gran despliegue  de recursos: nuestros cultos son muy sencillos y básicos en su forma. Por supuesto, Dios siempre está presente cuando nos congregamos, pero hay ocasiones cuando claramente irrumpe de una manera especial. Algunas veces su presencia parece descansar suave y dulce sobre la reunión, mientras que otras veces puede ser persuasiva, poderosa, incluso hasta molesta. Y contemplamos experiencias de culto que van mas allá de lo que hasta ahora hayamos presenciado. De manera que la primera responsabilidad de los asistentes que ya son cristianos a Redeemer es agudizar sus expectativas para el culto.

Quienes vienen de otras iglesias puede ser que necesiten volver a educar sus instintos. Por un lado, los hay que han sido educados para esperar una experiencia cognitiva más bien seca de lo que es o se supone que es un culto. Éstos, “leerán” los diferentes elementos del culto como si se tratara solamente de unos cuantos artículos domésticos que nos preparan para el gran momento de la conferencia (sermón). Por otro lado, están aquellos otros que han sido educados para percibir el culto como la preparación previa a una experiencia de catarsis. Pero ninguno de estos enfoques es saludable, porque ninguno confía realmente en Dios como el autor del culto.

Aunque la música pueda ser espectacular, sin emabrgo la meta principal no es el entretenimiento; Aunque la predicación esté concebida para hacer que la gente piense, la meta principal, no obstante, no es la mera estimulación intelectual. Uno debe venir esperando que Dios lo ilumine, para verse realmente así mismo bajo su luz, para que de esta manera Dios efectúe una cirugía espiritual en su corazón, para ser transformado y renovado. Uno debe venir esperando tener un encuentro con Dios.

 * En la próxima entrada de esta serie, Redeemer: una adoración evangelística II seguiremos leyendo cómo esta iglesia utiliza el culto de adoración como una de sus principales herramientas de evangelización o, como dice Keller en este artículo, para conectar a los no-cristianos con Dios.     

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