La ofensa del evangelio

christ-crucifiedHace un par de días, leía en un blog -que consulto a menudo- una entrada en la que se citaba otro blog en el que,  a su vez, se citaba la frase que podéis leer a continuación.

“Al decirnos que Jesús murió por nosotros, el evangelio es insultante. Nos dice que nuestra condición es tan mala que sólo la muerte del Hijo de Dios podía salvarnos. Por supuesto, esto ofende a quienes vivimos inmersos en el culto a la personalidad propio de nuestros tiempos y a la extendida creencia popular en la innata bondad del hombre.” Tim Keller, The Message of Romans (Redeemer Presbyterian Church, 2003), 2.

Sin duda, tal y como Pablo deja bien claro en su carta de I Corintios 1:22-24:  “Los judíos quieren ver milagros para creer en el mensaje que les anunciamos, y los griegos quieren oír un mensaje que suene razonable e inteligente. Sin embargo, nosotros les anunciamos que Jesús es el Mesías, ¡y que murió en la cruz! Para la mayoría de los judíos, esto es un insulto; y para los que no son judíos, es una tontería. En cambio, para los que fueron elegidos por Dios, sean judíos o no, el poder y la sabiduría de Dios se han manifestado en la muerte del Mesías que Dios envió” (La Biblia en lenguaje sencillo).

La muerte de Jesús en la cruz es la ofensa del evangelio que pone de manifiesto que nuestro principal problema no es, esencialmente, una baja autoestima o la poca capacidad que tenemos de creer en nosotros mismos; de hecho, el mensaje del evangelio no es que Dios envió a su Hijo a morir por nosotros para ayudarnos a que logremos ser una versión mejorada de nosotros mismos. No es que fuéramos, básicamente buenos, y Jesús a lo que vino fue a hacer salir lo mejor de nosotros mismos… ¿para eso era realmente necesaria la cruz? No, la cuestión toca más fondo.

La cruz del evangelio escandaliza (hace que tropecemos) con el concepto que tenemos de nosotros mismos, en contraste con la manera en la que Dios nos ve y nos describe en su Palabra. La cruz del evangelio es algo que, en términos humanos, no tiene sentido (una locura) porque trastoca y pone de patas arriba el orden de las cosas tal y como esperamos que sean; pues hace débil al fuerte y fuerte al débil o al que cree tener algo lo envía vacío y al que reconoce no tener nada le garantiza que llegará a tenerlo todo.

Efectivamente, el evangelio es ofensivo. Pero su propósito no es sólo la ofensa, sino también la vida eterna. Si somos capaces de dejar de tomarnos demasiado en serio a nosotros mismos y aprendemos a tomarnos realmente en serio a Dios, entonces pasaremos de sentir la ofensa del evangelio… a sentir su poder, que es poder de salvación para todo aquél que cree… indiferentemente de que sea gentil o judío, como decía Pablo en su carta a los Corintios.

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