¿Qué es el evangelio? I

Después de un mes entero sin predicar desde el púlpito, esta Semana Santa he tenido la ocasión de exponer dos textos de I Corintios que nos ayudan a reflexionar sobre la importancia de la crucifixión y muerte de Jesús como elemento central del evangelio. De hecho, como venimos afirmando y promoviendo desde este blog, la tarea principal de la iglesia es mantener (a través de su predicación) la centralidad del evangelio como elemento esencial del ministerio cristiano. Pero, ¿qué es o cómo definimos el evangelio?

El primer texto sobre el que prediqué (el Domingo de Ramos) fue I Corintios 1:18, en adelante. A la luz de este texto, entendemos que el evangelio gira (como no podía ser de otra manera), alrededor de un nombre… el nombre de Cristo. Por lo tanto, la primera cosa indispensable que nos queda clara es que el evangelio es Cristo-céntrico; es decir, Cristo es el centro. Por eso mismo Pablo dice a partir del versículo 22: “Los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura.  En cambio para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder y sabiduría de Dios…” Y un poquito más adelante, “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría, pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado” (I Corintios 2:1-2).

Frente a la pregunta ¿qué es el evangelio?, nuestra primera respuesta siempre debería ser “Cristo”… pues de hecho, sin Cristo no hay evangelio. Pero, Pablo no se conforma con decirnos que Cristo es el evangelio, sino que también especifica de qué forma o de que manera en particular Cristo es el evangelio. De ahí la frase “me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado.” Así que, en líneas generales, el evangelio es “Cristo.” Pero, de forma más concreta: “Cristo crucificado.” Y a partir de aquí vamos a ir viendo tres conceptos clave que nos ayudaran a ir revistiendo de carne este esqueleto o declaración básica de lo que es el evangelio.

En primer lugar, Pablo nos ayuda a ver que el evangelio son noticias, no instrucciones. En segundo lugar, el evangelio es gracia, no mérito. Y en tercer y último lugar, el evangelio cambia al débil en fuerte y al fuerte en débil.

1) Que el evangelio son noticias, queda claro al traducir literalmente el término griego “euangelion” que significa “buenas nuevas.”  Un “ev-angel” eran las noticias de un gran evento histórico que cambiaba la condición de los oyentes y que requería una respuesta de su parte. Por ejemplo, según una de las versiones de la leyenda que explica el origen de la carrera de Maratón:

Casi unos 500 años a.C., en la ciudad griega de Atenas, las mujeres esperaban saber si sus maridos ganaban o perdían la batalla en la llanura de Maratón (lugar ubicado aproximadamente a 42 km de la metrópolis griega) debido que sus enemigos persas habían jurado que tras vencer a los griegos irían a Atenas a saquear la ciudad, violar a las mujeres y sacrificar a los niños. Al conocer esto de antemano, los griegos decidieron que si las mujeres de Atenas no recibían la noticia de la victoria griega antes de 24 horas, coincidiendo con la puesta del Sol, serían ellas mismas quienes matarían a sus hijos y se suicidarían a continuación. Los griegos ganaron la batalla, pero les llevó más tiempo del esperado, así que corrían el riesgo de que sus mujeres, por ignorarlo, ejecutasen el plan y matasen a los niños y se suicidasen después. El general al frente del ejército ateniense decidió enviar un mensajero (el soldado más rápido entre sus filas) a dar la noticia (el “euangel”) a la polis griega. Y aquí se mezcla la historia con la leyenda: Philípides, además de haber estado combatiendo un día entero, tuvo que recorrer una distancia de más o menos unos 40 km para dar la noticia, puesto que la ciudad de Marathon está al noroeste de Atenas, a no mucha distancia. Tomó tanto empeño en llegar a su destino a la mayor brevedad que, cuando llegó y cayó agotado, sólo pudo decir “Niké” (nombre de la diosa de la Victoria). Esa fue la buena nueva. ¡Victoria! ¡Niké! Era la declaración de una noticia, una buena noticia, que indudablemente afectaba a la vida de las mujeres y los niños atenienses; una noticia que declaraba que la victoria había sido lograda y la salvación de sus vidas garantizada.

extraEn este sentido, el evangelio es la noticia de lo que Dios ha hecho. Por eso Pablo en Romanos 2:1 le dice a sus destinatarios “fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios…” ¿Y en qué consiste ese testimonio? Las palabras del mismo Pablo en I Corintios 15:1-4 hablan por sí solas. Así que el evangelio es la noticia de lo que Dios ha hecho para cumplir la salvación a través de Jesucristo en la historia. El evangelio no son instrucciones o consejos acerca de lo que debemos hacer para alcanzar a Dios, sino la buena nueva de lo que Dios ha hecho para alcanzarnos con su salvación (Juan 3:16). 

Por último, el evangelio es el anuncio de la victoria de Cristo, por medio de la cual obtenemos vida para con Dios. Como las mujeres de Atenas, ¿daremos crédito a la noticia? o, por el contrario, ¿desoiremos la buena nueva y continuaremos, de acuerdo al plan establecido, sellando así nuestra propia muerte? La respuesta que se espera y demanda frente a la buena nueva anunciada es nuestra aceptación, sujeción y que creamos esta palabra del evangelio y de esta manera podamos obtener la vida eterna (Juan 17:3).

Otro día seguiremos con el segundo punto: el evangelio es gracia, no mérito. Mientras tanto, esperamos que esta noticia del evangelio no sólo sea nueva (refrescante), sino también buena para tu vida.

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