Una perspectiva desde el púlpito

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¿Alguna vez te has parado a pensar cómo se ven las cosas desde el punto de vista del que predica? Si nunca has visto la iglesia desde esa perspectiva, las siguientes líneas te darán una nueva percepción. Si, por el contrario, estás acostumbrado a ver la iglesia desde el púlpito, en esta entrada reconocerás muchas cosas familiares, aunque también es posible que aprendas a valorar lo que ves como una herramienta más a tu disposición para diagnosticar tanto la disposición de la congregación, como la eficacia de tu predicación. Por supuesto, la observación no pretende ser exhaustiva, sólo a modo de señalar algunos aspectos sobresalientes. 

Cosas que  desaniman:

  • Gente que no para de bostezar o dar cabezaditas
  • Comentarios al oído
  • Biblias cerradas, brazos cruzados
  • Consultas repetidas a la pantalla del teléfono móvil
  • Gente que sale fuera (rechazando el mensaje)
  • Miradas ausentes, miradas desafiantes
  • Un cantar monótono

Cosas que animan:

  • Biblias abiertas y siendo consultadas
  • Gente tomando notas
  • Ciertas posturas físicas (como una ligera inclinación hacia delante) que demuestran interés
  • Gente que sale fuera (con actitud de arrepentimiento y propósito de cambio)
  • Ojos llenos de lágrimas
  • Miradas llenas de gozo y entusiasmo frente a la verdad predicada
  • Un cantar entusiasta

Algo que leí en algún lugar, creo que de Spurgeon (aunque a Spurgeon siempre se le atribuyen tantos dichos), es que hay quien va a la iglesia como un mero espectador, dispuesto a criticar todos y cada uno de los aspectos del culto o a valorar lo bien o lo mal que el predicador se ha expresado o ha trasmitido ciertas ideas. Para esta persona, el culto es algo así como un acto o una representación (un show dominical) al que asiste sólo en calidad de observador. Pero, ¿qué tal si la función del predicador no es la de entretener a la congregación, sino transmitir con fidelidad un mensaje que le ha sido confiado?

En definitiva, el predicador no es un actor y la congregación no son meros espectadores. En realidad, el predicador es un apuntador que lo que hace es recordarnos una y otra vez cuál es nuestro papel en esta obra de Dios en la que tenemos el gran privilegio de poder participar.


* Idea original tomada de aquí

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