Un Evangelio, muchas formas (1)

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Si hay algo en lo que merece la pena meditar es en el Evangelio de Jesús. Nunca debemos darlo por sentado ni suponer que ya lo hemos asimilado hasta el punto de no tener que escucharlo más.

En este artículo Tim Keller intenta responder a preguntas como: ¿hay un simple evangelio?, ¿debemos usar siempre el mismo esquema cuando lo predicamos?, ¿qué características tienen nuestros oyentes?, ¿qué es el Evangelio del reino?, etc.

La lectura puede resultar densa en algún momento, pero pocas cosas merecen tanto nuestro tiempo y esfuerzo como crecer en nuestra comprensión del Evangelio.  ¿Os atrevéis?

Un Evangelio, muchas formas (Tim Keller)

El Evangelio ha sido descrito como una piscina en la que un niño pequeño puede caminar y en la que a la vez un elefante puede nadar. Es tan simple que un niño podría entenderlo y a la vez suficientemente profundo como para mantener ocupadas a las mentes más privilegiadas. De hecho, ni siquiera los ángeles se cansan de mirarlo (1 Ped. 1:12) Los humanos no somos ángeles y, sin embargo, en vez de contemplar el Evangelio, discutimos acerca de él.

En la anterior generación los evangélicos estaban de acuerdo en qué era el “simple Evangelio”: (1) Dios te hizo y quiere tener una relación contigo, (2) pero tu pecado te separa de Dios. (3) Jesús cargó con el castigo que merecían tus pecados, (4) así que si te arrepientes de tus pecados y confías en él para tu salvación, serás perdonado, justificado, y aceptado gratuitamente por gracia, y tendrás su Espíritu hasta que mueras y vayas al cielo.

Hoy en día hay, al menos, dos críticas importantes a esta simple fórmula. Muchos dicen que es demasiado individualista, que la salvación de Cristo no nos vino a traer tanto la felicidad individual como la paz, justicia y una nueva creación. Una segunda crítica es la que dice que no hay un “simple Evangelio” porque todo es “contextual” y la Biblia contiene tantas presentaciones del Evangelio que existe tensión entre ellas.

¿No existe un “simple Evangelio”?

Tomemos primero la segunda crítica. La idea de que no hay un simple resumen del Evangelio en la Biblia se remonta al menos a la escuela de Tubinga de erudición bíblica, que insistía en que el Evangelio de la justificación de Pablo era muy diferente del Evangelio del reino de Jesús. En el siglo XX, el profesor británico C. H. Dodd defendió que había un mensaje de consenso de lo que era el Evangelio. Luego, como respuesta, James Dunn argumentó en Unity and diversity in the new testament (1977) que las formulaciones del Evangelio en la Biblia son tan diferentes que no podemos llegar a un único resumen.

Hoy en día cientos de webs de jóvenes líderes cristianos se quejan de que la vieja iglesia evangélica dedicó demasiado tiempo a leer Romanos en vez de la declaración de Jesús de que “el Reino de Dios se ha acercado”. Pero para ser honestos con la comprensión del Evangelio de los cristianos del primer siglo, creo que debemos posicionarnos a favor de Dodd y en contra de Dunn. Pablo enfatiza que el Evangelio que él predica es el mismo que predican los apóstoles de Jerusalén. “Porque o sea yo o sean ellos” dice Pablo, refiriéndose a Pedro y a los demás, “así predicamos, y así habéis creído” (1 Cor. 15:10-11) Esta frase asume un cuerpo único de contenido del Evangelio.

Un Evangelio, varias formas

Así que sí, debe haber un Evangelio, pero hay claramente diferentes formas en las que un Evangelio puede ser expresado. Esta es la forma bíblica de hablar del Evangelio, y nosotros deberíamos adaptarnos a ella. Pablo es un ejemplo. Después de insistir que sólo hay un Evangelio (Gál. 1:8), habla de ser encomendado con un “Evangelio de los incircuncisos” como opuesto al “Evangelio de los circuncisos” (Gál. 2:7)

Cuando Pablo hablaba a los griegos, confrontaba a los ídolos de su cultura, la especulación y la filosofía, con la “locura” de la cruz, y luego presentaba la salvación de Cristo como verdadera sabiduría. Cuando hablaba a los judíos, confrontaba a los ídolos de su cultura, el poder y el éxito, con la “debilidad” de la cruz, y luego presentaba el Evangelio como verdadero poder (1 Cor. 1:22-25).

Una de las formas del Evangelio de Pablo estaba hecho a la medida de gente que creía en la Biblia, que pensaba que podría ser justificada por las obras en el día del juicio, y la otra a los paganos. Estos dos acercamientos se ven de forma clara en sus discursos en el libro de Hechos, algunos a judíos y otros a paganos.

Hay otras formas del Evangelio. Los lectores siempre se han dado cuenta de que el lenguaje del reino de los Evangelios Sinópticos prácticamente desaparece en el Evangelio de Juan, que en vez de eso suele hablar de recibir la vida eterna. Sin embargo, cuando comparamos Marcos 10:17, 23-24; Mateo 25:34, 46, y Juan 3:5, 6 y 17, vemos que “entrar en el reino de Dios” y “recibir la vida eterna” son prácticamente la misma cosa. Leyendo Mateo 18:3, marcos 10:15 y Juan 3:3, 5 a la vez nos muestran que la conversión, el nuevo nacimiento y recibir el reino de Dios “como un niño” son el mismo paso.

Simon Gathercole destila un resumen de tres puntos que tanto Pablo como los escritores sinópticos tenían en común. (Ver “The Gospel of Paul and the Gospel of the Kingdom” in God’s Power to Save, ed. Chris Green Apollos/Inter-Varsity Press, UK, 2006.) Escribe que las buenas noticias de Pablo eran, primero, que Jesús era el Rey Mesiánico prometido y el Hijo de Dios venido a la tierra como siervo, en forma humana (Rom. 1:3-4; Phil. 2:4 ss)

Segundo, por su muerte y resurrección, Jesús propició nuestros pecados y aseguró nuestra justificación por gracia, no por nuestras obras (1 Cor. 15:3 ss)

Tercero, en la cruz, Jesús rompe el dominio del pecado y del mal sobre nosotros (Col. 2:13-15) y en su venida va a completar lo que empezó a través de la renovación de toda la creación material y la resurrección de nuestros cuerpos (Rom 8:18 ss)

Seguidamente, Gathercole muestra estos mismos tres aspectos en las enseñanzas sinópticas que Jesús, el Mesías, es el Hijo divino de Dios (Marcos 1:1), que ha conquistado el presente era demoníaca con su pecado y su mal (Marcos 1:14-2:10) y va a volver para regenerar el mundo material (Mateo 19:28)

Si tuviese que poner todo eso en una simple frase, lo haría así: A través de la persona y la obra de Jesucristo, Dios consigue de forma total nuestra salvación, rescatándonos del juicio por nuestro pecado y llevándonos a la comunión con él, y luego restaura la creación en la cual podremos disfrutar nuestra nueva vida junto a él para siempre.

Continuará…

Extraído de: Christianity today

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2 comentarios

  1. ¡¡AMEN!!!!!!!!!!!!!!!
    Dios bendiga tu tiempo y disposición, Varon. gracias por encontrar luces como la presente reflexion, que nos motivan al crecimiento espiritual en Cristo.
    Estamos atentos a vuestro trabajo. Bendiciones.

  2. Peregrino,

    Un abrazo y gracias por los comentarios de ánimo.

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