El fin desde el principio (1 de 2)

The End

¿Qué gracia tiene empezar a ver una película cuando ya sabes cómo acabará? Creo que a muy poca gente le gusta que le expliquen el final de una historia justo al principio de la misma. Le quita toda la gracia, parece como que pierde todo su encanto, ¿verdad? ¿Dónde queda el suspense? Nos quedamos sin la gracia de ir avanzando progresivamente, poco a poco adentrándonos en la trama, a medida que ésta se va desarrollando, sintiéndonos partícipes de la misma, abiertos a lo incierto de un futuro que está aún por determinar…

Ésta es nuestra perspectiva, ésta es nuestra visión y experiencia del mundo y de la vida (de nuestras vidas); ésta es, de hecho, nuestra realidad. Pero, bajo ningún concepto, es la realidad, la visión o la perspectiva de Dios. Es más, la Biblia nos deja muy claro que antes de empezar nada, Dios ya conoce… y de hecho, declara su fin. ¿Te sorprende esta afirmación?

El mundo y el universo entero fueron creados para la gloria de Dios… (y no se trata de una declaración abstracta, acerca de un principio teórico que de forma más o menos imprecisa se ha de cumplir… todo lo contrario). Cuando la Biblia declara que todo ha sido creado para darle gloria a Dios es porque, de hecho, así será en último término… “toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Cristo es el Señor”, aunque se trate de un hecho futuro, ése es -o mejor dicho será- efectivamente, un HECHO en toda regla. Ésa, y no otra, es la última realidad.

En un principio, Dios llamó a Abraham y estableció un pacto con él, para que fuera de bendición a todas las naciones… “en ti serán benditas todas las naciones de la tierra…” (Génesis 12:3). Ésto no sólo expresaba el deseo de Dios, sino el plan que él mismo iba a llevar a cabo, por medio de Cristo y así, de una manera efectiva, bendecir a todos los pueblos de la tierra (Gálatas 3:16).

Dios declara el final justo desde el principio; la historia es simplemente el desarrollo, la puesta en escena, la trama (si quieres), o incluso el drama en el que se pone de manifiesto ese plan perfecto de Dios para llevar todas las cosas a los pies de Cristo.  Porque es sólo a través de Cristo que “Dios será todo en todo” (1 Corintios 15:28).

Tan ajetreados como vamos por la vida, a veces nos falta tiempo para detenernos por un momento y considerar tranquilamente las cosas realmente importantes… no nos damos cuenta y enseguida nos pasa la vida. En realidad, vivimos en una especie de paréntesis que suspende la eternidad. El tiempo es creación de Dios y fuera de este “kit kat”, sólo existe lo eterno. “Antes de que las montañas fuesen” dicen el salmista “Dios ya existía” y después de que las montañas dejen de existir, sólo Dios… pues él existe de eternidad a eternidad (Salmo 90:1-2).

¿Cómo fue que Dios se dio a conocer por primera vez al revelarse como el Dios del pacto a los descendientes de Abraham? “Yo soy el que soy”, es decir, el existente, el que es, el que existe… por sí y en sí mismo… no por causa o a causa de algo o de alguien… “Yo Soy” (Éxodo 3:13-14). Simplemente, ¡nos sobrepasa! Por más que lo intentemos, no lo podemos entender completamente, porque somos finitos, mientras que Dios es infinito; vivimos y vemos la vida desde esta perspectiva de lo temporal (en una sucesión de eventos en cadena), pero Dios trasciende el tiempo y su percepción y visión de todo cuanto acontece o acontecerá es inmediata, simultánea.

De manera que, según el testimonio bíblico, la afirmación al inicio de esta entrada es verdad: Dios conoce y declara el fin aún desde el principio:

Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos, porque yo soy Dios; y no hay otro Dios, ni nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: “Mi plan permanecerá y haré todo lo que quiero; que llamo desde el oriente al ave y de tierra lejana al hombre de mi plan. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo llevaré a cabo”. Oídme, duros de corazón, los que estáis lejos de la justicia: “Haré que se acerque mi justicia; no se alejará, y mi salvación no se detendrá. Pondré salvación en Sión y mi gloria en Israel” (Isaías 46:9-13).

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