Un Evangelio, muchas formas (y 3)

Con un poco de retraso… pero seguimos con la tercera y última parte del artículo de Tim Keller, The Gospel in all its foms (parte 1 y parte 2)

Predicando las formas 42-21547455

A estas alturas debes esperar que explique cómo podemos integrar a la perfección los diferentes aspectos del Evangelio en nuestra predicación. No puedo porque no lo he hecho. Pero así es como lo intento.

1. No pongo todos los puntos del Evangelio juntos en una sola presentación del Evangelio.

Creo que es instructivo que los escritores del NT rara vez, o nunca, juntan todos los aspectos del Evangelio de la misma manera en todas sus predicaciones. Cuando estudias los discursos evangelísticos de Pablo en el libro de Hechos, es sorprendente cuánto es dejado fuera.
Pablo siempre se centra en unos puntos en vez de en otros en un esfuerzo por conectar con los puntos de partida de narrativa cultural de sus oyentes. Es casi imposible cubrir todos los elementos del Evangelio con un oyente no creyente sin que “desconecte”. Algunas partes simplemente les “enganchan” más que otras, y, para empezar, un comunicador debería centrarse en esas. Finalmente, claro, tienes que explicar todos los aspectos del Evangelio al completo en cualquier proceso de evangelismo y discipulado. Pero no tienes que decirlo todo en todo momento.


2. Uso tanto un Evangelio tanto para los “circuncisos” como para los “incircuncisos”

De la misma manera que Pablo habló de un Evangelio para los más religiosos (los “circuncisos”) y para los paganos, yo también me doy cuenta de que mi audiencia en Manhattan está formada tanto por gente de contextos moralistas y religiosos, como por gente con cosmovisiones postmodernas, pluralistas.
Hay gente de otras religiones (Judaísmo, Islam), gente de un contexto fuertemente católico, como también aquellos que han crecido en iglesias protestantes conservadoras. La gente educada de forma religiosa puede entender la idea del pecado como ruptura de la ley moral de Dios. Esa ley puede ser explicada de manera que se den cuenta de que no cumplen sus estándares. En este contexto, Cristo y su salvación pueden ser presentadas como la única esperanza de perdón para su culpa. Este, el Evangelio tradicional de la pasada generación, es un “evangelio para circuncisos”.

Por otro lado, Manhattan está lleno de oyentes postmodernos que consideran todos los juicios morales como culturalmente relativos y como una construcción social. Si intentas convencerles de la culpa por el pecado sexual, simplemente te dirán “Tú tienes tus estándares, y yo tengo los míos” Si respondes con una diatriba en contra de los peligros del relativismo, tus oyentes se sentirán reprendidos y distanciados. Está claro que la gente postmoderna debe ser confrontada por su concepto demasiado blando de la verdad, pero hay una manera de hacerles una presentación creíble y convincente del evangelio antes de entrar en temas apologéticos.

Yo cojo una página del libro de Soren Kierkegaard “La enfermedad mortal” y defino el pecado como construir tu identidad -tu autoestima y felicidad –en cualquier cosa que no sea Dios. Uso la definición bíblica de pecado como idolatría. El énfasis se pone no tanto en “hacer cosas malas” como en “hacer de cosas buenas algo supremo”. En vez de decirles que están pecando porque duermen con sus novias o novios, les digo que están pecando porque están mirando a sus carreras y relaciones para que los salven, para que les den todo lo que deberían buscar en Dios. Esta idolatría lleva a situaciones de desorientación, adicciones, ansiedad severa, obsesión, envidia de los demás, y resentimiento. Me he dado cuenta de que cuando describes el pecado como idolatría, la gente postmoderna no ofrece mucha resistencia. Entonces Cristo y su salvación pueden ser presentados no (en este momento) tanto como su única esperanza de perdón, sino como la única esperanza para la libertad.  Este es mi “evangelio para los incircuncisos”

3. Uso tanto el “Evangelio del reino” como el “Evangelio de la vida eterna”

Me doy cuenta de que muchos de mis oyentes más jóvenes están luchando para tomar las mejores decisiones en un mundo de infinitas opciones de consumo, y se sienten confusos sobre su propia identidad en una cultura dominada por la auto-creación y la auto-promoción. Esa es la gente que se siente atraída por una presentación del Evangelio como “gracia y no obras” más centrada en el individuo. Esta perspectiva se parece mucho al “Evangelio de la vida eterna” de Juan.

Sin embargo, me doy cuenta de que mucha gente secular que se encuentra cerca de los 40 años no se siente atraída por un énfasis en los problemas personales. Muchos de ellos piensan que les va bien en la vida. Están más preocupados por los problemas del mundo –guerra, racismo, pobreza, e injusticia. Ellos responden bien a un evangelio del tipo sinóptico como el “Evangelio del reino”.

En vez de, por ejemplo, ir a una de las epístolas y hablar del Evangelio en términos de Dios-pecado-Cristo-fe, me refiero a la historia de fondo de la Biblia y hablo del Evangelio en términos de Creación-caída-redención-restauración. Hubo un momento en el que tuvimos el mundo que queríamos –un mundo de paz, justicia, sin muerte y enfermedad, ni conflicto. Pero al darle la espalda a Dios hemos perdido ese mundo. Nuestro pecado desencadenó las fuerzas del mal y la destrucción, y como resultado de eso, ahora las cosas “se vienen abajo” y todo se caracteriza por la desintegración física, social y personal. Pero Jesucristo vino al mundo, murió como víctima de la injusticia y como nuestro substituto, cargando con el castigo de nuestro mal y nuestro pecado sobre sí mismo. Eso le permitirá juzgar al mundo y destruir todo el mal y la muerte sin tener que destruirnos a nosotros.

4.  Uso ambas formas y dejo que ambos grupos me oigan predicar a los otros.

Ninguna forma del evangelio da el mismo énfasis a los diferentes aspectos del evangelio. Si sólo predicas una forma, corres el riesgo de dar a tus oyentes una dieta desequilibrada de verdades del Evangelio. ¿Cuál es la alternativa? No prediques sólo una forma del Evangelio. Si lo haces así no estarás siguiendo el ejemplo bíblico. Si predicas de forma expositiva, diferentes textos van a expresar diferentes formas del Evangelio. Predica diferentes textos y tu gente escuchará todos los puntos.
Pero, ¿no confundirá eso a la gente? No, sino que les da una visión más amplia. Cuando un grupo, por ejemplo los postmodernos, escucha una predicación penetrante sobre el pecado como idolatría, eso les abre el camino el concepto de pecado como entristecer y ofender a Dios. El pecado como una ofensa personal a un Dios perfecto, santo, empieza a tener sentido, y cuando escuchan eso presentado en otra forma de Evangelio, eso tiene credibilidad.
Cuando la gente más tradicional con una idea de culpa moral desarrollada aprende sobre la sustitución propiciatoria y la idea forense de la justificación, es confortada. Pero estas doctrinas clásicas tienen implicaciones profundas para las relaciones de razas y el amor hacia los pobres, ya que destruyen toda opción de autojustificación y orgullo.
Cuando la gente más liberal escucha acerca del reino de Dios y la restauración de este mundo, esto les abre la puerta hacia la idea del reinado de Cristo que demanda obediencia de ellos en su vida personal. En resumen, toda forma del Evangelio, cuando es bien comprendida, abre la puerta a una persona a los otros puntos del Evangelio de manera más vívida.

Hoy hay muchos que dudan de que haya un sólo Evangelio. Eso les da la base para ignorar el Evangelio de la propiciación y la justificación. Hay otros a los que no les gusta admitir que hay diferentes formas de un único evangelio. Les “huele” demasiado a la idea de “contextualización”, un término que no les gusta. Usan una presentación del Evangelio que es unidimensional. Ninguno de esos acercamientos es tan fiel al material bíblico, ni tan efectivo en el ministerio, como aquel que entiende que la Biblia presenta un sólo evangelio en diferentes formas.

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