Lecturas de verano… para la gloria de Dios (1 de 2)

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El Catecismo Menor de Westminster (Edinburgo, 1648) empieza con una pregunta:¿Cuál es el fin principal del hombre? A lo que se espera que el que está siendo instruido sea capaz de contestar: El fin principal del hombre es glorifi­car a Dios, y gozar de él (disfrutar de su presencia) para siempre. ¿Tiene base bíblica esta declaración? Por supuesto, y como muestra el catecismo nos señala los siguientes versículos: Romanos 11:36 porque de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos”; I Corintios 10:31 Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” y el Salmo 73:25,26 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”

¿Qué importancia tiene la gloria de Dios para que sea éste un tema tan recurrente a lo largo de las Escrituras, tal y como el Salmo 29:2 ilustra de una forma tan clara? En lo que resta de esta entrada (la última que cuelgo –en dos partes- hasta que vuelva de vacaciones de aquí a unos 15 días), trataré de responder a esta pregunta simplemente recomendando dos libros para vuestra lectura este verano. Se trata de dos libros de naturaleza muy distinta, como distintos son también entre sí sus respectivos autores. Uno fue escrito por uno de los autores más prolíficos y preferidos por muchos cristianos evangélicos… no sólo en Estados Unidos (donde vende millones de copias al año), sino también en Latinoamérica, en España y en muchos otros países donde sus más de 50 obras han sido traducidas.

El otro autor es un escritor español relativamente joven que con la publicación en el año 2001 de su primera novela para el público adulto (pues hasta entonces sólo había escrito novelas juveniles) ha logrado convertirse en un indiscutible fenómeno literario a nivel mundial al lograr vender más de diez millones de copias de su primera novela y haber lanzado, más o menos por estas fechas el año pasado, una tirada de su última novela El juego del ángel de nada más y nada menos que un millón de copias… sólo en España.

El primer autor, conocido por una gran mayoría es Max Lucado; el segundo, como ya sospecha más de uno es Carlos Ruiz Zafón.

Fue un amigo, pocas semanas antes de empezar las vacaciones de verano del año pasado, el que me recomendó leer un libro publicado por Max Lucado en el 2004 y traducido al castellano con el título No se trata de mí. A los pocos días me lo compré y nada más empezar a leerlo tuve la extraña sensación de estar leyendo (no se si os ha pasado alguna vez) algo que yo mismo podría haber escrito. Supongo que me entendéis que no hablo ni de estilo ni de técnica (pues no tengo ninguna pretensión literaria… ni mucho menos… de compararme nada más y nada menos que con Max Lucado). De lo que estoy hablando es que página tras página, un tema tras otro; incluso algunos de los ejemplos o ilustraciones del libro son tan parecidos a lo que yo mismo he escrito en mis sermones y he tratado de trasmitir en mis predicaciones que, simplemente, me parecía mucho más que una feliz coincidencia. No se trata de mí es un libro que pone el centro de gravedad justo donde siempre debería estar: no en nosotros, sino en Dios… subrayando de esta manera su gloria.

El segundo libro que sugiero como una lectura amena para estos días de verano es La Sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón, publicada en 2001 y que se ha convertido en el mayor éxito mundial de la novela española hasta la fecha. Mi interés personal por esta novela (como siempre que me sumerjo en la lectura de una novela) es doble. Por una parte, hay un aspecto puramente estético que es disfrutar de una gran historia y por otra, un aspecto informativo (leer lo que millones de personas leen). La novela en cuestión es, según los expertos, una excelente obra literaria repleta de tramas entrelazadas “y enigmas a modo de muñecas rusas en un inolvidable relato sobre los secretos del corazón y el embrujo de los libros, manteniendo la intriga hasta la última página.”

¿Y qué tendrá que ver toda esta historia de La sombra del viento de Zafón con el libro de Lucado No se trata de mí y, sobre todo con ese tema que he empezado diciendo que debería ser el centro de nuestra existencia… es decir la gloria de Dios? En principio, la relación entre los dos libros es pura y llanamente accidental. Pero cuando uno tiene la obligación de mantener una buena dieta de lectura, además del deseo personal de vez en cuando de zambullirse en una buena historia que estimule la imaginación… lo más normal es que, por lo menos de cuando en cuando, algunas de estas lecturas paralelas y en principio desconectadas entre sí, coincidan curiosamente y de forma llamativa en algunas cuestiones centrales. Este es el caso entre estos dos libros, uno escrito por un autor cristiano, que reflexiona acerca de la gloria de Dios; el otro, escrito por un autor secular que nos desvela a través de su historia de intriga, libros y amor trágico,  los secretos del corazón al poner al descubierto los pensamientos y las intenciones ocultas de los personajes que pueblan La sombra del Viento.

continuará…

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