3. No pierdas de vista a Cristo

3. No pierdas de vista a Cristo

Tercer mandamiento para el predicador:

* ¿Yo? Sí, yo. Esto es importante en más sentidos de los que pueden ser expuestos aquí con la suficiente profundidad. Por lo tanto, nos limitaremos a uno. Conoce y, por lo tanto, predica “a Jesucristo y a éste crucificado” (1 Corintios 2:2). Se trata de un versículo que resulta mucho más fácil predicarlo como el primer sermón al principio del ministerio que hacerlo como el último.

¿Qué quiero decir exactamente? Quizá podría expresarse de forma tan provocativa como decir que la exposición sistemática no murió en la cruz, como tampoco lo hicieron la teología bíblica, la teología sistemática, la hermenéutica o cualquier otra cosa que podamos considerar de suma importancia a la hora de exponer las Escrituras. He oído hablar acerca de todas estas [disciplinas] en muchas predicaciones… sin que se enfocara la atención [de los oyentes] sobre la persona del Señor Jesús.

Paradójicamente, ni tan siquiera la predicación sistemática a través de uno de los Evangelios garantiza una predicación centrada en el Cristo crucificado. Con demasiada frecuencia, la predicación de los Evangelios acaba siendo lo que describo como una “predicación al estilo ¿dónde está Wally?” Porque la pregunta de fondo en el sermón es ¿dónde estás tú en esta historia? (¿eres Marta o María, Santiago o Juan, Pedro o el leproso agradecido…?) Mientras que la [Gran Pregunta] “¿dónde, qué o quién es Jesús en esta historia? tiende a ser marginada.

La verdad es que es mucho más fácil predicar sobre María, Marta, Santiago, Juan o Pedro que hacerlo sobre Cristo. Incluso es mucho más fácil predicar sobre la oscuridad del pecado y el corazón humano, que predicar sobre Cristo. Además mis estanterías están repletas de literatura acerca de María, Marta… [cómo vivir] una buena vida, la vida en familia, la vida llena del Espíritu, [cómo ser buenos padres, cómo rehacer una vida rota]…   pero la mayoría de nosotros apenas tenemos unos pocos centímetros restantes en nuestras estanterías con libros que nos hablen directamente sobre la persona y obra de Cristo.

¿Cuando es mi predicación realmente buena… al hablar sobre él o al hablar sobre nosotros?

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Traducción y adaptación propia de “Sinclair Ferguson: Decálogo del Predicador” via unashamedworkman.wordpress.com

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