4. Sé profundamente trinitario

4. Sé profundamente trinitario

Nueva entrada del decálogo para el predicador.

¿No lo somos ya? Al menos en algunas de nuestras iglesias no pasa un sólo día del Señor sin que la congregación confiese al único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero, tal y como es ampliamente reconocido, el cristianismo en Occidente a menudo a tenido una especial tendencia al unitarismo de una forma explícita o pragmática, ya sea haciendo especial énfasis en la figura del Padre (el liberalismo llevado a la práctica), o en la figura del Hijo (el evangelicalismo, quizá en reacción al liberalismo), o en la figura del Espíritu (el movimiento carismático, en reacción a los dos anteriores).

Sin duda, lo anterior es una caricatura. Sin embargo, mi preocupación en este sentido tiene su fundamento en que predicadores que creen en la  autoridad de la Biblia (al igual que otros que no) continúan pensando acerca de la Trinidad como si se tratara de las más especulativa y, por lo tanto, menos práctica de todas las doctrinas. Después de todo, ¿qué puedes “hacer” como resultado de escuchar una predicación cuyo énfasis es la Trinidad de Dios? Bueno, por lo menos de forma interna (y por qué no externamente) postrarnos en adoración ante el hecho de que el Dios cuyo ser es inefable, tan incomprensible para mi capacidad de cálculo, busca estar en comunión con nosotros.

A veces me pregunto si no es un fracaso lo que ha llevado a las iglesias a creer lo que [supuestos] “analistas de iglesia” y otros [con títulos] parecidos les dicen; [cosas como] que “lo que mejor hace vuestra iglesia es la alabanza… en cuanto a las células, bueno, tenéis que continuar trabajando…” ¿No roza esto en la blasfemia? (¡Qué digo “rozar la blasfemia”! De hecho sólo hay un “analista” que pueda evaluar la calidad de nuestra alabanza. Este enfoque confunde la estética con la adoración).

El Evangelio de Juan nos sugiere que una de las cargas que Jesús llevó sobre su corazón durante las últimas horas con sus discípulos fue la de ayudarles a entender que el hecho de que Dios como Trinidad es lo que hace que el evangelio sea no sólo posible, sino también cierto; y que, por lo tanto conocerle [como el Dios Trino] es lo que da esencia a la vida de fe (Juan, capítulos 13-17). Lee Pablo con esto en mente y veras lo obvio que resulta la manera tan profundamente  entretejida en la componenda de su evangelio lo claro que era su entendimiento del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Nuestra gente necesita saber que, a través del Espíritu, su comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. ¿Sabrán de ello por mi predicación?

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* Traducción y adaptación propia de “Sinclair Ferguson: Decálogo del Predicador” via unashamedworkman

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