¿Atrapados en los esquemas de la religión?

atrapado

Como lo prometido es deuda, en esta entrada comparto el resumen (a modo de tabla comparativa) con el que Tim Keller inauguró este miércoles pasado las Jornadas del Global Cities Initiative (Iniciativa para Ciudades con un Impacto Global). Se trata de un apéndice al final de las notas que nos dio como fundamento básico a partir del cual todo lo que pudiera decirse a continuación debería ser interpretado pues, como el mismo Keller advertía en esa primera ponencia al hablar sobre “La dinámica de Renovación del Evangelio”, nuestra tendencia muchas veces es crear actividad, dinámica o incluso movimientos sociológicos, sin caer en la cuenta de que todo ello puede hacerse sin la frescura de esa vida espiritual que es propia del evangelio.

Aquí tenéis el cuadro comparativo que a nivel personal puede ayudarnos a identificar si el patrón de nuestras vidas responde a una dinámica legalista (religiosa) o a una dinámica fruto de la gracia de Dios actuando en nosotros (evangelio).

RELIGIÓN

EVANGELIO

1. Obedezco; por lo tanto, Soy aceptado. 1. Soy aceptado; por lo tanto, obedezco.
2. La base de mi motivación es miedo e inseguridad. 2. La base de mi motivación es el agradecimiento.
3. Obedezco a Dios con tal de conseguir cosas de él. 3. Obedezco a Dios con tal de obtenerle a él, gozarme en él y parecerme a él.
4. Cuando las cosas van mal en mi vida, tiendo a enfadarme con Dios o conmigo pues, al igual que los amigos de Job, creo que toda buena persona merece que las cosas le vayan bien en la vida. 4. Cuando las cosas van mal en mi vida, ciertamente lo paso mal; pero sé que Jesús en la cruz cargó con toda la ira que yo merecía. Por lo tanto, aunque Dios permite sufrimiento en mi vida con el propósito de prepararme, sé que él me cuidará con el amor de un padre en medio de la prueba.
5. Al ser criticado, me enfurezco o me siento devastado, porque esencialmente me considero una “buena persona”. Por lo tanto, cualquier cosa que ataque esta imagen debe ser destruida a toda costa. 5. Al ser criticado, ciertamente sufro; pero para mí lo esencial no es mantener [o proyectar] una imagen de mí mismo como [básicamente] una “buena persona”. La base de mi identidad no está en una lista de las cosas que hago, sino en que Dios me ama. Hoy soy cristiano porque un día entendí esta verdad, por lo tanto en Cristo puedo hacer frente a la crítica.
6. Mi oración consiste básicamente en una larga lista de peticiones, y sólo incrementa cuando paso por algún tiempo de necesidad. Lo que realmente busco al orar es controlar mi entorno más inmediato. 6. Mi oración consiste en prolongados periodos de alabanza y adoración. Lo que realmente busco al orar es tener comunión con Dios.
7. La imagen que tengo de mí mismo se mueve entre dos extremos. Si o cuando vivo a la altura de mi propio nivel de exigencia, me siento confiado; pero entonces tiendo a ser orgulloso y no siento ninguna simpatía con aquellos que [no llegan o, peor, han caído del nivel moral de vida que de ellos se espera.] Por el contrario, si o cuando no vivo a la altura de lo esperado, me siento inseguro y la percepción que tengo de mí mismo es la de un fracasado. 7. La imagen que tengo de mí mismo no depende de la capacidad que tenga de vivir de acuerdo a un determinado nivel de moralidad. En Cristo soy simul iustus et pecador –simultáneamente pecador y perdido, aún así aceptado en Cristo. Soy tan malo que él tuvo que morir por mí, pero soy tan amado que él gozosamente se ofreció para morir por mí. Esto me lleva a ser más y más humilde, así como también a una mayor confianza que me aleja tanto de la desesperación como también de una confianza excesiva en mí mismo.
8. Mi identidad y valor propio se basan en lo mucho que soy capaz de trabajar, o en lo moral que soy; por lo tanto, miro a los demás con cierto aire de superioridad puesto que son una de dos, o vagos o inmorales. 8. Mi identidad y valor propio se hallan en aquél que murió por sus enemigos, quien a causa de mí fue excluido de la ciudad. Soy salvo por pura gracia, por lo tanto, no puedo sentirme superior a quienes piensen o tengan una práctica de fe distinta a la mía. Soy lo que soy sólo por la gracia. No tengo ninguna necesidad de tener siempre la razón.
9. Puesto que para sentirme espiritualmente aceptado no dejo de mirar quién soy y lo que hago, entonces mi corazón no cesa de fabricar ídolos. Puede tratarse de mis talentos, el vivir cumpliendo unos ciertos principios morales, mi disciplina personal, mi nivel social, etc. Los necesito a toda costa pues son todas estas cosas las que realmente me dan esperanza, sentido, felicidad, seguridad y significado en la vida, al margen de lo que yo pueda decir que creo acerca de Dios. 9. Tengo muchas cosas buenas en mi vida: familia, empleo, disciplinas espirituales, etc; pero ninguna de ellas es determinante. Ninguna de ellas son cosas que he de tener a toda costa, por lo tanto, siempre hay un límite al nivel de ansiedad, resentimiento o insatisfacción que el no tenerlas o perderlas pueda causarme.

Hoy han acabado las Conferencias, y la última reflexión de Keller ha girado en torno a la idea de que para producir un impacto y un cambio en nuestras ciudades, lo que realmente necesitamos es más que simplemente “plantar” nuevas iglesias… lo que necesitamos es un movimiento que en sí mismo tenga la capacidad de generar una expansión espontánea.

Sin duda,  la idea original de la renovación o del avivamiento basado en la centralidad del evangelio ha sido el eje de estas conferencias que, en un perfecto espíritu de catolicidad cristiana, ha permitido no sólo el encuentro, sino también el diálogo (y posiblemente algún tipo de cooperación futura) entre pastores y líderes de diferentes grupos, denominaciones y organizaciones que aunque tienen muchas cosas que los distinguen, en último término lo que realmente los une es el mismo evangelio de gracia centrado en la persona y obra de Jesucristo.

En la entrada de ayer, cuestionaba el porqué de esta iniciativa entre organizaciones tan distintas. Al final de estas jornadas me ha quedado claro el espíritu de generosa catolicidad que debe caracterizar las relaciones entre cristianos y sus respectivos grupos, iglesias y denominaciones (especialmente gracias a la última sesión de Keller, en la que ha señalado las diferencias básicas entre institución y movimiento, organización y organismo, etc.)  cuando la causa principal es el avance del Reino en un mundo tremendamente necesitado de la buena noticia que supone el Evangelio. En este sentido, todas las charlas de Keller en esta conferencia no han tenido ningún desperdicio, pues aún cuando nos ha hablado de la naturaleza de la ciudad, de las estructuras, de la organización y de la necesidad de una presencia contextualizada de la iglesia; sin embargo, no ha dejado ni un solo momento de hablar, de apuntar, de presentar, y de exponer constantemente el evangelio. Porque al final no serán nuestras metodologías las que cambiaran o impactarán nuestras vidas y nuestras ciudades, sino el movimiento de renovación  que Dios mismo produce en la vida de individuos, comunidades y hasta ciudades enteras a través del poder sobrenatural del Evangelio de Cristo.

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