¿Quieres ser auténtico? ¡Arrepiéntete!

WittenbergLa primera de las 95_tesis que Martín Lutero clavó en las puertas de Wittenberg el 31 de Octubre de 1517 declara: “Todo en la vida de los creyentes es arrepentimiento.” Eso es lo que aprendemos al principio del evangelio y eso es lo que ha de caracterizar nuestras vidas a partir de entonces.

Hace dos noches, en el culto de oración que tenemos cada miércoles, Dani Castro nos lanzaba una pregunta: ¿Por qué no somos capaces de decir como Pablo (con todo lo que ello implica), “Para mí el vivir es Cristo”? Después de unos minutos de exposición, algunos de los presentes expresamos en voz alta alguna que otra reflexión a la luz de lo que Dani había compartido. Los temas hacia los que derivó la conversación fueron: el amor, la coherencia entre lo que decimos creer y lo que vivimos a diario, hacer morir al viejo hombre y ser auténticos.

Una de las personas que asistía al culto de oración nos llamó la atención sobre las palabras de Jesús a la iglesia de Éfeso (Apocalipsis 2:1-7); palabras que dejan de manifiesto que aquella iglesia llevaba a cabo todo lo que se supone que una iglesia tiene que hacer… buenas obras, esfuerzo constante, paciencia en medio de la prueba y la persecución, buena estructura de liderazgo, buena moral, buena teología (al luchar contra las herejías)… y a pesar de todo ello, de repente: “tengo contra ti que has dejado tu primer amor.” ¿Cuál es, entonces, la exhortación que recibe? “Arrepiéntete.” ¿De qué había de arrepentirse?… de sus buenas obras, ¿quizá?

El siguiente párrafo es un texto tomado de un libro devocional de John Piper, Prueba y observa (pp. 193-194), en el que el Dr. Piper nos ayuda a continuar pensando sobre este tema de la autenticidad que debe caracterizarnos o, dicho de otra manera, sobre dónde se encuentra el fundamento para poder realmente ser genuinos…auténticos, de acuerdo al llamado que hemos recibido en Cristo. Se trata de volver, constantemente al evangelio.

Un gran incentivo para ser auténticos en nuestro amor a Dios es reconocer que nuestros mejores esfuerzos religiosos son duplicados en el infierno. Considere la “piedad” del endemoniado de Lucas  en alta voz: ‘¿Qué tienes tú conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego: No me atormentes.’”

–         El diablo tiene perspectiva religiosa: reconoció a Jesús como el Hijo de Dios.

–         El diablo tiene una forma de piedad; ora a Cristo y le suplica benevolencia: “¡No me atormentes!”

–         El diablo ora en postura humilde y contrita: “Se postró ante él.”

–         El diablo ora fervientemente y con expresiones de hondos sentimientos: “Lanzó un gran grito… y dijo en alta voz.”

–         El diablo usa expresiones humildes en su oración: “¡Te ruego!”

–         El diablo usa calificativos respetuosos y honorables para Cristo: “Jesús, Hijo del Dios Altísimo.”

¿Qué falta aquí? Una cosa: amor a Cristo.

¡Ah, cuántos de los que marchan bajo la bandera de los santos rinden su religión a Dios debido a la obligación y no al amor! Sin embargo, ¡qué desdicha debe ser una vida así! ¡Tanto engaño! ¡Tanta duplicidad cargosa! ¡Tanta falta de naturalidad! ¡Descartémosla! ¡Seamos puros o seamos paganos [pero no las dos cosas]!

Pero anote esto: “Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). ¡Ver a Dios es cantar (Salmo 135:3)! Y fuimos hechos para cantar. Fuimos hechos para los placeres sagrados y los cantos de pureza. Fuimos hechos para ser reales. De principio a fin. ¡Oh, qué gozo ser genuinos con Dios y con los hombres!

Santiago se asombraba de que los creyentes profesantes pudieran estar tan distantes de la fe real y que salva. Para despertarlos les recuerda que el diablo es una persona bastantes ortodoxa. “¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan” (Santiago 2:19). Los demonios no sólo son bastante ortodoxos en su teología; sino que también tienen mejores respuestas religiosas ante lo que creen que algunos creyentes profesantes, ya que tiemblan ante la realidad de Dios.

El punto de Santiago es que la doctrina correcta sin un deleite en Dios demostrativo y de corazón, y sin un apoyo en él, es espiritualmente inútil. Los demonios se dan cuenta de esto y venden sus almas para hacer todo el daño que puedan antes de que sean atados y arrojados al lago de fuego (Mateo 25:41). Pero los seres humanos religiosos parecen no darse cuenta de tal cosa. Esto es lamentable… personas sin ningún amor real a Dios pronunciando verdades en cuanto a Dios. Personas enamoradas de sí mismas y con el elogio que viene del desempeño religioso, pero que no han probado la verdadera gloria de Dios mismo.

Ah, temblemos ante esta posibilidad en nuestras vidas. “Prueben y vean que el Señor es bueno” (Salmo 34:8) […] “Vengan, compren vino y leche sin pago alguno” (Isaías 55:1).

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