6. No dejes de hablar sobre el pecado y la gracia

6. No dejes de hablar

Sexto mandamiento en el decálogo del predicador.

En su exposición a la Carta de Pablo a los Romanos, Martín Lutero usó acertadamente las palabras del llamado de Jeremías: “El propósito ultimo de esta epístola es destruir, arrancar y anular toda sabiduría carnal… Es necesario arrancar de raíz, destruir y derribar todo aquello en lo que nos deleitamos porque viene de nosotros y porque somos capaces de encontrarlo en nosotros mismos; mientras que todo lo que provenga no de nosotros sino de Cristo eso es, [precisamente], lo que tiene que ser plantado y construido en nosotros.”

Si eso es verdad de la “predicación” de Pablo en Romanos, debería serlo también en la nuestra. El pecado y la gracia deberían ser las notas predominantes a lo largo de nuestra exposición.

Pero hay que tener en cuenta lo siguiente: predicar sobre el pecado debe desenmascarar la presencia del pecado y desengañarnos acerca de la naturaleza del mismo, al mismo tiempo que subraya el peligro que entraña.

No es lo mismo que arrinconar a la congregación contra las paredes del “santuario” con una arenga [incendiaria]. Eso sólo requiere de unas pocas dosis elevadas de emoción. Para desenmascarar y desengañarnos [de la complejidad] del corazón humano de una forma que sea genuina y, en última instancia, salvífica hace falta un mayor esfuerzo exegético y espiritual. De lo que estamos hablando es equiparable a la tarea experta de un cirujano –abriendo la herida, detectando la causa de la enfermedad, extirpando todo lo que es maligno y causa de destrucción, con el fin de sanar y de reestablecer la vida.

Sin duda, la gente necesita ser advertida de los males de la sociedad contemporánea (aborto, apostasía en la iglesia visible, etc.) Pero no podemos construir un ministerio, como tampoco edificar cristianos saludables, a base de una dieta que lo único que hace es, constantemente, condenar de forma fulminante al mundo. No; para ello lo que hemos de hacer es ver cómo las Escrituras exponen el pecado escondido en nuestros propios corazones; nos desengañan acerca de quienes [realmente] somos; erradican el veneno que aún permanece en nuestros corazones –y entonces hemos de ayudar a nuestra gente para que hagan lo mismo “al declararles [nosotros] la verdad” (2 Cor. 4:2).

Sólo hay una manera segura de hacer esto. La cirugía espiritual sólo puede ser llevada a cabo en el contexto de la gracia de Dios en Jesucristo. Sólo al ver nuestro pecado somos capaces de ver lo necesario y maravilloso de la gracia. Pero exponer el pecado no es lo mismo que desvelar y aplicar la gracia. Debemos estar [bien] familiarizados y [ser expertos] a la hora de exponer el poder multifacético de la gracia; así como también saber cómo aplicarla en las más variadas condiciones espirituales.

A decir verdad, exponer el pecado es más fácil que [saber cómo] aplicar la gracia; pues estamos más familiarizados con lo primero que con lo ultimo. Aquí es donde se encuentra nuestro punto débil.

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* Traducción y adaptación de “Sinclair Ferguson: Decálogo del Predicador” via unashamedworkman

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