El poder de las palabras 1

Obama Correspondents Dinner

Confuso, prematuro, polémico y hasta injusto, son algunos de los calificativos con los que la prensa y otros medios de comunicación de todo el mundo se han referido al inesperado nombramiento de Barack Obama como Premio Nobel de la Paz; cuando no hace ni tan sólo 9 meses que inició su mandato como presidente de la nación más poderosa del mundo.

Ante una noticia tan sorprendente, era de esperar que “todo el mundo” se pusiera a hablar del asunto. Así, no sólo a través de medios oficiales, sino también por medio de blogs, páginas webs, twits y otros, millones de personas alrededor del mundo han querido (es decir, hemos querido) opinar al respecto.

Poco antes de que el Instituto Nobel de Noruega anunciara a Obama como Premio Nobel, me encontraba leyendo una noticia en la que se hablaba de un artículo publicado originalmente en el New York Times sobre los orígenes de la primera dama de los Estados Unidos, Michelle Obama. Tan sólo 160 años atrás, la tatarabuela de Michelle Obama era una niña esclava valorada en 475 dólares americanos. Lo llamativo de esta noticia no es el pasado de esclavitud, ni tampoco el hecho de que al menos uno de los antepasados de la mujer de Obama fuera un hombre blanco (como es el caso en la gran mayoría de afro-americanos). Lo que realmente sorprende, tal y como una lectora opinaba a pie de la noticia, es la línea ascendente que se traza desde la niña “esclava a [la] primera dama del país más poderoso del mundo en [tan sólo] cuatro generaciones. Me encanta. Tendemos a tener una visión pesimista del mundo y del futuro (a menudo con razón), pero hechos como éste nos demuestran que no todo está tan perdido para la humanidad.”

Sin duda, todo cuanto está sucediendo, en lo que algunos han empezado a llamar el inicio de la era Obama, es un canto a la esperanza en muchos sentidos. De hecho, la explicación que el Instituto Nobel ha dado por haberle otorgado el premio es que, tal y como reproduce El Mundo, “Como presidente, Obama ha creado un nuevo clima en la política internacional. La diplomacia multilateral ha recuperado un puesto prioritario, con énfasis en el papel que pueden desempeñar la ONU y otras instituciones internacionales.” En el mismo artículo leemos: “La explicación oficial, publicada en el sitio web de la Fundación Nobel, no menciona ni un solo logro tangible. Podría decirse que el premio se debe a sus grandes discursos, como el dirigido a los musulmanes desde El Cairo el pasado junio, aunque de la mención a la desnuclearización se deduce que también han pesado las renacidas negociaciones con Irán y Corea del Norte o el acuerdo con Rusia para un futuro desarme.”

¿Merecido? El mismo Obama opina que no lo merecía, aunque lo acepta como ”una llamada a la acción” Pero, ¿se puede premiar sólo a las palabras, sin que estas vayan avaladas de hechos concretos? ¿Qué poder o que valor real tienen las palabras? Se supone que para nosotros (como cristianos) mucho, dado que nuestra fe se construye en base a la Palabra.

Seguramente, en un par de días podré sentarme para poder acabar de escribir en cuatro líneas algunos pensamientos que me ha provocado el inesperado premio Nobel de Obama. Pero mientras tanto, no quería dejar pasar la ocasión de participar en la efervescencia del debate, apuntando hacia lo que cada vez es más evidente en Obama, el tremendo poder de su retórica. Antoni Bassas, un prestigioso periodista catalán, escribe lo siguiente:

Al escuchar esta semana que los premiados podían ser disidentes chinos pensé en la capacidad de los premios Nobel de dar esperanza a la gente que vive en condiciones políticas o sociales difíciles. [Pensé también] en lo reconfortante que era saber que hay un comité independiente a quien no le tiembla la mano a la hora de dar un premio aunque no le guste a un gobierno con el que nadie quiere quedar mal (el mismo Obama no ha querido recibir al dalai-lama esta semana en Washington porque en muy pocas semanas viaja a China en visita oficial).

O sea que, seguramente, había otra gente que merecía [el Nobel]. Pero hemos de reconocer que en Obama concurren circunstancias excepcionales. Obama habla al mundo y a menudo le inspira con una sola palabra: esperanza.”

Nos guste más o nos guste menos el señor Obama hay que reconocer un cierto poder en sus palabras que es, cuando menos, inusual en los tiempos que corren. Pero hay otra Palabra que trasciende el tiempo y que tiene un poder aún mayor que cualquier palabra que pueda salir del más excelente o el más mediático de los dirigentes mundiales. De esta otra Palabra y de su poder no podemos tampoco dejar de hablar y escribir (aún con mayor efervescencia que sobre el sorprendente premio Nobel de Obama); ya sea por medio de libros, twiter, blogs, radio o televisión… pues es ésta, y no otra ,la única Palabra de esperanza para el mundo.

continuará…

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