El poder de las palabras 2

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Ha pasado ya casi una semana desde la sorprendente concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. En términos muy parecidos a los que expresé en la primera parte de esta reflexión sobre el poder de las palabras, Antoni Segura (Catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona) escribía lo siguiente en un artículo de opinión publicado hace dos días en El Periodico:

Sorpresa, desconcierto, satisfacción, desacuerdo, polémica… Todos estos términos podrían utilizarse al hablar de la concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente Barack Obama. La decisión del Comité de Oslo no era esperada y, sin duda, causó sorpresa a la vez que satisfacción, desacuerdo, polémica y desconcierto. ¿Cómo puede concederse el Premio Nobel de la Paz a un presidente que aún no ha cumplido nueve meses en el cargo y que, hasta la fecha, no ha tenido tiempo de hacer realidad su hoja de ruta? Uno tiene la sensación de que se han premiado las promesas y las intenciones. En otras palabras, no se ha premiado lo que ha hecho Obama, sino lo que se cree que puede hacer.”

La concesión de este Premio Nobel me hace recordar que poco antes de acabar el 2008, la prestigiosa revista de actualidad Time proclamó a Barack Obama como el hombre del año. En aquél momento, prácticamente todos los analistas coincidían al afirmar que el nuevo presidente de los Estados Unidos había logrado articular uno de los mejores discursos de las últimas décadas y junto con una campaña de marketing casi impecable, consiguió generar y contagiar tal entusiasmo y seguimiento, que el pasado mes de noviembre fue elegido como flamante presidente de la nación más poderosa del mundo.

Las palabras que pronunció en su emotivo discurso de New Hampshire el 8 de enero del año pasado, tras perder las primarias de ese Estado frente a Hillary Clinton, acabaron convirtiéndose en una canción lema cantada por guapos y famosos que sin duda contribuyó a diseminar su mensaje:”Yes We Can”. Según Will.i.am, el líder del grupo que puso música a ese discurso de Obama, lo que le llevó a grabar la canción fue “escuchar emocionado  a un candidato que en lugar de atacar a su rival tras perder en aquel Estado, lanzaba un discurso cargado de esperanza: Sabemos que el camino será largo, pero recuerda que por muchos obstáculos que haya en el camino, nada puede frenar el poder de millones de voces que claman por el cambio”. Y con esas palabras y el resto de aquel poderoso discurso, Will.i.am escribió la letra de una canción cuyo video se colgó en internet y en apenas unos cuantos días se convirtió en uno de los más vistos de la red, según el ranking de youtube.

Así empieza la canción o, literalmente, el discurso de Obama cantado:

“Era un credo plasmado en los documentos que fundaron y declararon el destino de una nación… Sí podemos.

Fue susurrado por los esclavos y abolicionistas mientras avanzaban por el sendero rumbo a la libertad… Sí podemos.

Fue cantado por los inmigrantes mientras llegaban desde costas lejanas y por los pioneros que viajaban al Oeste enfrentando una tierra salvaje e inclemente… Sí se puede.

Fue el llamado de los trabajadores que se organizaron; de las mujeres que exigieron el derecho a voto; del presidente que escogió la luna como nueva frontera y el discurso de un Rey que nos llevó hacia la cima de la montaña y nos enseñó el camino hacia la Tierra Prometida. Sí podemos.”

Según Antoni Segura, lo que Oslo ha premiado ha sido, no tanto lo que el presidente de EEUU ha hecho, sino lo que el mundo espera que pueda llegar a hacer después de lo que él (Segura) calificaba como “la etapa nefasta de George Bush hijo.” Una etapa, continúa Segura, que había llevado al mundo hasta el extremo del abismo… hasta que llegó Obama con su discurso de renovación en plena crisis económica mundial –conectada con la política militar y de desregulación financiera de Bush– y abrió las puertas a la esperanza en un mundo diferente y mejor. Así que el mérito de Obama –afirma Segura- ha sido saber contagiar al resto del mundo y, por supuesto al Comité de Oslo, el Yes we can de la campaña electoral.

Al leer palabras como las de este Catedrático de Historia Contemporánea, así como la de otros muchos analistas dentro y fuera de nuestras fronteras, uno no puede más que admitir que todavía hay políticos con la capacidad real de empujar adelante a una nación y de despertar ilusiones a escala mundial; y Obama (repito, al margen de que nos guste o no) lo ha hecho. Segura acaba su artículo señalando que el Premio obliga a Obama a ser fiel a sus promesas e intenciones: Es un premio al compromiso, más que a los hechos. Es un premio, en suma, que se ha dado a Obama porque no podía darse a todos aquellos que, en todo el mundo, creen que el futuro no está irremediablemente escrito y que hay que sembrar la semilla para hacer posible un mundo mejor, más justo, menos violento y más solidario.”

Sin duda, se trata de un gran discurso -compuesto de palabras llenas de un poderoso mensaje- que inspira y evoca en la imaginación de muchos la realización de un sueño que la humanidad persigue desde los albores del tiempo: un mundo mejor, más justo y más solidario. Pero como cantaba Michael Jackson (esa otra gran figura mediática que con su particular discurso también inspiró a milones) en Man in the Mirror, “si quieres hacer del mundo un lugar mejor, empieza por cambiar a la persona que ves frente a ti en el espejo.”

A todo esto (la canción de Michael Jackson, el discurso de Obama y su Premio Nobel de la Paz) yo lo veo como “una gran declaración de buenas intenciones.” Pero “querer” no es siempre “poder”. El cambio que el mundo anhela no es sólo un mensaje o un discurso que nos llene de expectativas y de ilusión por el progreso y la utopía de un mundo mejor. Como cristianos creemos que este mundo no lo cambiará ni el presidente Obama ni nadie, al margen del plan y de los propósitos de Dios… que son siempre más altos que nuestros planes, propósitos y aspiraciones. De hecho, como cristianos creemos que el verdadero cambio se fundamenta en la Palabra de Dios (plasmada en Cristo Jesús, el hijo de la promesa de Dios; quien inaugura un nuevo orden mundial –que la Biblia llama el Reino de Dios,- lo construye a lo largo de la historia y con su muerte y resurrección garantiza la consumación del mismo.

“Fue el discurso de un Rey que nos llevó hacia la cima de la montaña y nos enseñó el camino hacia la Tierra Prometida. Sí podemos.” El Rey al que Barack Obama alude en esta parte de su discurso era, curiosamente, el también Premio Nobel de la Paz Martin Luther Kina, Jr. Pero el discurso sobre el que se construye nuestra fe habla no de un rey cualquiera, sino del Rey de reyes y Señor de señores; que nos habló desde otro monte para formar alrededor de sí un pueblo de hombres y mujeres –de toda lengua y nación- movidos por una misma pasión: vivir para la gloria de Dios y para la extensión de su Reino en este mundo. Ésta es la única esperanza de cambio real para un mundo roto como el que vivimos en el que, por más que lo soñemos, lo intentemos o nos ilusionemos… en nosotros y por nosotros mismos jamás encontraremos el poder suficiente para cambiar; porque éste reside sólo en Dios única y exclusivamente a través y por medio de Cristo. Ésta es la poderosa retórica del evangelio, que es verdadero poder no sólo para el cambio, sino también para nuestra salvación.

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