Pastor… ¿puedo ayudarle en algo?

reto

Traducción y adpatación de la segunda entrega de la serie sobre las dificultades en el ministerio pastoral que John Catanzaro inició hace unas cuantas semanas en theresurgence.

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Pastor, ¿cómo puedo ser de ayuda? Esta era una pregunta que muchos miembros de su congregación le preguntaban a Charles Haddon Spurgeon, el más grande de los predicadores del reavivamiento del s. XIX.  Su respuesta era [que la mejor ayuda que podían prestarle pasaba por ser o llegar a ser] una iglesia establecida en el servicio y en la oración. Su ministerio se convirtió en el más grande  ministerio evangélico basado en la oración en toda [la historia de] la iglesia cristiana desde el tiempo de la era apostólica.

¿Cómo ayudar al pastor?

1. Entiende. La primera manera en que podrás ser de ayuda a tu pastor es desarrollando la capacidad de entender y ser sensible a la presión y a las demandas del ministerio pastoral.

2. Ora. En segundo lugar, ora por tu pastor. Un ministerio activo de oración en apoyo a la tarea que el pastor realiza a favor del evangelio, es fundamental para la salud del pastor y del resto de la iglesia.

3. Crece. En tercer lugar, madura en la fe. Crece y esfuérzate en preservar la obra que Dios realiza en tu entorno más inmediato. No contribuyas a la confusión, la murmuración y a las actitudes resentidas. Ponte a trabajar, sirve, contribuye económicamente; pues todo ello es vital para la salud de la misión que tenemos de proclamar a Cristo en la comunidad [local] y [de allí] al resto del mundo.

4. Lidera. Finalmente, la fe en acción es servir a otros, dejando a un lado intereses personales, y de esta manera apoyar al ministerio de la iglesia. No se trata sólo de participar de algún ministerio, sino de trabajar activamente junto con el liderazgo para propiciar que el ministerio avance de una forma saludable, hasta el punto en el que llegues a ser tú mismo ¡un predicador [del evangelio] de Cristo!

Tus pastores pueden llegar a agotarse física, emocional y espiritualmente. De Nuevo, C.H. Spurgeon comparte sus aflicciones y pruebas a lo largo de su ministerio, para demostrar que era [precisamente] en su debilidad que el poder de Cristo era magnificado.

Spurgeon sufría de agonía espiritual, [sufría también a causa] de las calumnias y el desprecio, por la carga de la predicación, [sufría] episodios de [profunda] depresión emocional, [sufría] por la carga del ministerio, y enfermedades físicas [como] la gota, alta presión sanguínea y una afectación en los riñones.

Salvado de mucho, llamado a mucho

Su trayectoria empezó en la base misma del sufrimiento y con sus propias palabras nos pinta un cuadro muy claro de la agonía [que experimentó] antes de su conversión. “La justicia de Dios, como un arado, me partió el espíritu,” escribía. “Estaba condenado, acabado, destrozado–perdido,   impotente, desesperado—Pensaba que ante mí lo que tenía era el infierno… Oré, pero no encontré la paz como respuesta, y así estuve por largo tiempo, por lo tanto […]” Por lo tanto, a través de su vida [Spurgeon] aclara que cualquiera que fuera la dificultad o sufrimiento que encontrara en el ministerio, éste no era [ni de lejos] comparable a la devastadora amargura en el alma que experimentó antes de vivir para Jesús. Esto le enseñó a buscar la santidad y a detestar una vida de pecado.

La calumnia y el desprecio vienen en el paquete

Durante los primeros años de su ministerio, sufrió de forma intensa la calumnia y el desprecio. Su respuesta a todo esto fue: “Si realmente soy capaz de decir que treinta años atrás fui sepultado con Cristo, entonces es que estoy muerto realmente. Al parecer, eso es lo que el mundo [también] pensó, pues no pasó mucho tiempo después de ser enterrado con Cristo que empecé a predicar su nombre, y por aquél tiempo el mundo ya me daba por bien  muerto e incluso decían “hiede.” Empezaron a decir de todo acerca del predicador; pero cuanto más les ofendía mi hedor, mejor me sentía, pues así estaba más seguro de que realmente había muerto para el mundo.”

El abrumador efecto de la calumnia

Leemos una vez más cómo Spurgeon habla sobre el efecto emocional que sobre él producían [la crítica], el desprecio y la calumnia: “A menudo he caído postrado de rodillas, con el sudor empezando a abrasarme la frente tras [escuchar o leer] la última calumnia levantada contra mi; prácticamente se me partía el corazón por la tristeza y la agonía que aquello me producía; … [Con todo] creo que puedo decir de corazón que  si el ser considerado no menos que el lodo, el hazmerreír de los necios y la burla de los borrachos, si ello me hubiera de hacer más servicial a mi Señor, y más útil a su causa, [sin duda] lo prefiero antes que toda la multitud [de esta congregación], o todo el aplauso que los hombres puedan dar.”

No contribuyas al sufrimiento de tus pastores con la murmuración, hablando mal [de ellos] o de forma que denigre [su ministerio]. Al contrario, salta a las trincheras con ellos!

Continuará

Por cierto, hay que ver lo difícil que resulta traducir/adaptar al señor Spurgeon (espero no haber “deformado” demasiado el sentido original de sus palabras; para tu tranquilidad, puedes leer el original de este artículo aquí).

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* Entrada relacionada Los pastores…  ¿también lloran?

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