¿Palabra de honor?

Pinocho

Todos conocemos o en alguna ocasión hemos utilizado la expresión: “palabra de honor” o “te doy mi palabra.” Pero, ¿qué es lo que queremos transmitir con todas esas palabras? En principio, la palabra es nuestro honor, en ella empeñamos nuestra reputación nuestro buen nombre, nosotros mismos (deja de pagar las letras de una deuda y ya verás qué pasa). La palabra nos avala. Sigue leyendo

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4. Sé profundamente trinitario

4. Sé profundamente trinitario

Nueva entrada del decálogo para el predicador. Sigue leyendo

El fin desde el principio (2 de 2)

Tal y como indica el texto bíblico (Isaías 46:9-13) con el que acabamos la primera parte de esta entrada, lo que Dios declara desde un principio es el fin de su maravilloso plan de salvación. Eso es lo que Dios le hizo saber a Abraham, “en tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra” (Génesis 22:8); y gracias a Pablo sabemos que esta simiente es Cristo (Gálatas 3:16). También podemos comparar Isaías 11:10 donde se profetiza la salvación de los gentiles (etnias) con Romanos 15:12, donde se identifica esa raíz de Isaí -el padre de David- con Cristo. Él será la salvación de los gentiles. Sigue leyendo

El fin desde el principio (1 de 2)

The End

¿Qué gracia tiene empezar a ver una película cuando ya sabes cómo acabará? Creo que a muy poca gente le gusta que le expliquen el final de una historia justo al principio de la misma. Le quita toda la gracia, parece como que pierde todo su encanto, ¿verdad? ¿Dónde queda el suspense? Nos quedamos sin la gracia de ir avanzando progresivamente, poco a poco adentrándonos en la trama, a medida que ésta se va desarrollando, sintiéndonos partícipes de la misma, abiertos a lo incierto de un futuro que está aún por determinar… Sigue leyendo

Soberanía divina y Jonathan Edwards

200px-jonathan_edwardsMuchos de nosotros hemos pasado por algún período de profunda lucha con la doctrina de la soberanía de Dios. Si llevamos nuestras doctrinas a nuestros corazones, donde deben estar, pueden convulsionar nuestros sentimientos y causarnos noches de insomnio. Esto es mucho mejor que entretenernos con ideas académicas que nunca tocan la vida real. Al menos existe la posibilidad de que de las convulsiones surja una nueva etapa de tranquilidad y confianza. A muchos de nosotros nos sucede como le ocurrió a Jonathan Edwards. Edwards fue un pastor y un teólogo serio de Nueva Inglaterra a principios del siglo XVIII. Fue uno de los líderes del primer gran avivamiento. Sus principales obras todavía suponen un desafío para grandes mentes de nuestros días. Su extraordinaria combinación de lógica y amor le convierten en un escritor profundamente conmovedor. Una y otra vez, cuando estoy sediento y me siento débil, vuelvo a mi colección de obras de Edwards y recibo estímulo de alguno de sus sermones. En uno de ellos refiere la lucha que tuvo con la doctrina de la soberanía de Dios:

Y se ha producido una maravillosa alteración en mi mente respecto a la doctrina de la soberanía de Dios desde aquel día hasta hoy; de manera que casi nunca me he encontrado algo que me plantee alguna objeción contra ella en el sentido más absoluto (…) Desde entonces, no sólo he estado convencido, sinó que mi convicción ha sido maravillosa. Esta doctrina me ha resultado a menudo sumamente agradable, brillante y dulce. La soberanía absoluta es algo que me encanta atribuir a Dios. Pero al principio no estaba tan convencido de ella.

Personal Narrative. Jonathan Edwards: Representative Selections, eds. C. H. Faust, T H. Johnson (New York: Hill and Wang, 1962), p. 59. Sigue leyendo