6. No dejes de hablar sobre el pecado y la gracia

6. No dejes de hablar

Sexto mandamiento en el decálogo del predicador. Sigue leyendo

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El fariseo y yo

fariseo y publicano

“El fariseo, de pie, oraba consigo a sí mismo: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano. Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano” (Lucas 18:11-12)

¿Cuál era el problema del fariseo? Tal vez que veía demasiadas cosas buenas en sí. Realmente era incapaz de ver nada malo en él, porque lo cierto es que hacia todas esas cosas buenas de las que hablaba y, de hecho, le daba la gloria a Dios por ello: “Dios, te doy gracias…”

Así pues, ¿cuál era el problema del fariseo? Simplemente, que realmente creía que no era “como los otros hombres.”

¿Qué diremos a esto? ¿Gracias a Dios que no somos como el fariseo?

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* Traducido y adaptado de  Ray Ortlund en theresurgence

El Evangelio… ¿y algo más?

A menudo los cristianos buscamos aquella receta mágica que, además de una salvación que ya tenemos muy asumida, nos ayude a vivir mejor la vida en el día a día. Nuestras librerías están llenas de libros con títulos llamativos (“Los 10 pasos hacia…” “Cómo conseguir…” “Los 5 principios que te harán feliz…”)
Ya conocemos el Evangelio, aquel mensaje que nos sirve para ir al cielo“, pensamos. De hecho algunos pueden recordar el día y la hora exactos en los que hicieron aquella oración que cambió sus vidas, ¿pero es que en la Biblia no hay algo que nos sirva para el día a día? Está bien ser salvo, pero, ¿dónde encontramos los recursos para vivir el día a día para la gloria de Dios?

¿Entendemos el Evangelio las iglesias evangélicas?

¿Por qué predicar el Evangelio a aquellos que ya se han convertido? Si no viene ningún inconverso, ¿no sería mejor algo para la edificación, el crecimiento espiritual, la madurez, etc.?

Algunos piensan que el Evangelio es sólo el ABC del cristianismo… pero una vez te conviertes pasas a una fases superior en la que vives en base a tu esfuerzo personal. Es como si Dios fuera el que nos da la salvación, pero a partir de allí ya es cosa nuestra. En definitiva, somos salvos sólo por la fe, pero nuestra vida diaria la basamos en nuestro esfuerzo por ser mejores… ¿es esto bíblico?

Ya damos por sentado el Evangelio, la gracia la damos por entendida y superada, es como si ahora tocase pasar a la siguiente fase (como si fuera un videojuego…)

Espero que este vídeo nos ayude a dejar de pensar en el Evangelio como algo “superado”.

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Hablando de idolatría en una era postmoderna, I

american-idol

1ª parte de la adaptación al castellano de un artículo de Tim Keller (Talking About Idolatry in a Postmodern Age) El original está accesible en inglés en una web muy recomendable: thegospelcoalition.org

Cuando empecé a leer a lo largo de toda la Biblia busqué algunos temas unificadores. Llegué a la conclusión de que hay muchos y que si tenemos que hacer de un tema “el tema” (como “pacto” o “reino”) corremos el peligro de ser demasiado reduccionistas. Sin embargo, una de las formas de leer la Biblia es ver cómo las generaciones anteriores vivieron la lucha entre la fe y la idolatría. En el principio, los seres humanos fueron creados para adorar y servir a Dios, y para gobernar en el nombre de Dios sobre todas las cosas creadas (Gén. 1:26-28)
Pablo entiende el pecado original de la humanidad como la idolatría: “Cambiaron la gloria del Dios incorruptible…honrando y dando culto a las criaturas antes que al creador” (Rom. 1:21-25) En lugar de vivir para Dios, empezamos a vivir para nosotros mismos, o para nuestro trabajo, o para conseguir bienes materiales. Hemos invertido el orden original. Y cuando empezamos a adorar y a servir a las cosas creadas, paradójicamente, las cosas creadas empiezan a gobernarnos. En vez de ser los “vice-regentes” de Dios, gobernando la creación, ahora la creación nos gobierna. Ahora estamos sujetos al deterioro, las enfermedades y los desastres, y al final volvemos al polvo –el polvo “gana” (Gén. 3:17-19) Vivimos para hacernos un nombre pero nuestros nombres son olvidados. Aquí en el principio de la Biblia aprendemos que la idolatría significa esclavitud y muerte.
Los 2 primeros mandamientos y las leyes más básicas (una quinta parte de todas las leyes de Dios para la humanidad) son contra la idolatría . El libro de Éxodo no ve una tercera opción entre la fe verdadera y la idolatría. O bien adoraremos al Dios que no ha sido creado, o adoraremos a alguna cosa creada (un ídolo) No existe la posibilidad de no adorar a nada. El texto clásico del Nuevo Testamento es Romanos 1:18-25. Este pasaje tan extenso sobre la idolatría se entiende habitualmente como refiriéndose a los paganos gentiles, pero en vez de eso debemos reconocerlo como un análisis de lo que es el pecado y de cómo actúa. El v. 21 nos dice que la razón por la que nos volvemos a los ídolos es porque queremos controlar nuestras vidas, aunque sabemos que le debemos todo a Dios. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias…” El v. 25 nos explica la “estrategia” para conseguir el control –escoger las cosas creadas, poner nuestros corazones en ellas y construir nuestras vidas alrededor de ellas. Como necesitamos adorar a algo, porque estamos hechos así, no podemos eliminar a Dios sin crear un substituto de Dios. Los v. 21 y 25 nos dan 2 de los resultados de la idolatría:

1. Engaño –“se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido…” y
2. Esclavitud – “adoraron y sirvieron” a cosas creadas

Aquello a lo que adoramos es aquello a lo que serviremos, ya que adoración y servicio siempre van juntos. Somos seres que establecen pactos. Entramos en un “pacto de servicio” con aquello que más captura nuestra imaginación y corazón. Nos atrapa. Así que toda comunidad, personalidad, forma de pensar y cultura humanas, estarán basadas en algún tema primordial o algún pacto primordial –o bien con Dios o bien con algún sustituto. Individualmente, vamos a poner nuestros ojos principalmente o bien en Dios o en el éxito, el romance, la familia, el estatus, la popularidad, la belleza, o alguna otra cosa que nos haga sentir personalmente significativos y a salvo, y que guíe nuestras decisiones. Culturalmente vamos a poner nuestros ojos principalmente o bien en Dios o bien en el libre mercado, el estado, las elites, la voluntad del pueblo, la ciencia, la tecnología, la fuerza militar, la razón humana, el orgullo racial, o alguna otra cosa que nos haga significativos, nos salve de forma corporativa, y guíe nuestras decisiones.

Nadie comprendió esto mejor que Martín Lutero, que une el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento de forma remarcable en su exposición de los 10 mandamientos. Lutero vio como la ley del Antiguo Testamento contra los ídolos y el énfasis del Nuevo Testamento en la justificación por la fe sola son esencialmente lo mismo. Dijo que los 10 mandamientos empiezan con 2 mandamientos contra la idolatría. Es por eso que el problema fundamental al desobedecer la ley es siempre la idolatría. En otras palabras, nunca rompemos los demás mandamientos sin antes romper la ley contra la idolatría. Lutero entendió que el primer mandamiento trata acerca de la justificación por la fe, y no creer en la justificación por la fe es idolatría, que es la raíz de todo lo que desagrada a Dios.

Aquellos que no confían en Dios en todo momento, y en todas sus obras o sufrimientos, vida y muerte no confían en su favor, gracia y buena voluntad, sino que buscan su favor en otras cosas o en sí mismos, no obedecen este [primer] mandamiento, y practican una idolatría auténtica, aunque hicieran las obras de todos los demás mandamientos, y a esto añadiesen todas las oraciones, toda la obediencia, paciencia, y castidad de todos los santos juntos. Porque lo principal no está presente, y sin eso todo lo demás es mero fingimiento, espectáculo y pretensión, con nada en su interior… Si dudamos o no creemos en que Dios está lleno de gracia hacia nosotros y está satisfecho con nosotros, o si presuntuosamente esperamos agradarle sólo a través de nuestras obras, entonces todo es puro engaño, honrando a Dios externamente, pero internamente poniéndonos a nosotros mismos como un [falso] salvador… (Parte X, XI) Extractos de Martín Lutero, Treatise Concerning Good Works (1520)

Aquí Lutero dice que la incapacidad de creer que Dios nos acepta totalmente en Cristo –y buscar en algún otro lugar para nuestra salvación, es un fracaso en el intento de obedecer el primer mandamiento, es decir, no tener otros dioses delante de Él. Tratar de conseguir tu propia salvación a través de una justicia de obras es romper el primer mandamiento. Luego nos dice que no podemos obedecer verdaderamente ninguna de las otras leyes, a no ser que obedezcamos la 1ª ley –contra la idolatría y la justicia de las obras. Así que detrás de cualquier pecado en particular está el pecado de rechazar la salvación de Cristo y caer en la auto-salvación.

Continuará…

Parte 2