Lecturas de verano… para la gloria de Dios (2 de 2)

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Después de una pausa (obligada por las vacaciones), hoy continuamos esta reflexión sobre algunas lecturas de verano que no deben alejarnos del propósito principal de nuestra existencia…  aún en medio de unas merecidas vacaciones, pues vivimos para la gloria de Dios. Sigue leyendo

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Lecturas de verano… para la gloria de Dios (1 de 2)

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El Catecismo Menor de Westminster (Edinburgo, 1648) empieza con una pregunta:¿Cuál es el fin principal del hombre? A lo que se espera que el que está siendo instruido sea capaz de contestar: El fin principal del hombre es glorifi­car a Dios, y gozar de él (disfrutar de su presencia) para siempre. ¿Tiene base bíblica esta declaración? Por supuesto, y como muestra el catecismo nos señala los siguientes versículos: Romanos 11:36 porque de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos”; I Corintios 10:31 Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” y el Salmo 73:25,26 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”

¿Qué importancia tiene la gloria de Dios para que sea éste un tema tan recurrente a lo largo de las Escrituras, tal y como el Salmo 29:2 ilustra de una forma tan clara? En lo que resta de esta entrada (la última que cuelgo –en dos partes- hasta que vuelva de vacaciones de aquí a unos 15 días), trataré de responder a esta pregunta simplemente recomendando dos libros para vuestra lectura este verano. Se trata de dos libros de naturaleza muy distinta, como distintos son también entre sí sus respectivos autores. Uno fue escrito por uno de los autores más prolíficos y preferidos por muchos cristianos evangélicos… no sólo en Estados Unidos (donde vende millones de copias al año), sino también en Latinoamérica, en España y en muchos otros países donde sus más de 50 obras han sido traducidas. Sigue leyendo

El dato

green woods

En 1950, el pianista y compositor argentino Rodolfo Polo Giménez (1904-1969) escribió una canción titulada “Paisaje de Catamarca”, dedicada a una provincia de Argentina que, al parecer, destaca por su bella orografía. En el estribillo de la canción leemos:

“Paisajes de Catamarca

con mil distintos tonos de verde.

Un pueblito aquí, otro más allá

y un camino largo que baja y se pierde.”

Según Polo Giménez, en Catamarca existen mil distintos tonos de verde… una bonita frase que, a ritmo de zamba (nada que ver con la samba brasileña), el autor utiliza para evocar la belleza poética de aquella hermosa región de Argentina.

En Galicia (nos contaba este pasado fin de semana Jaime Fernández en unas jornadas de formación sobre alabanza), los científicos han detectado hasta trescientos tonos diferentes de verde. No son mil, como en Catamarca, pero trescientas distintas tonalidades de un mismo color son… vaya, ¡muchas tonalidades!

Todo esto, nos animaba a pensar Jaime Fernández, más que una simple cifra es un dato tremendamente significativo que nos habla de la grandeza de un Dios que al crear este mundo, no tuvo ningún reparo en derrochar belleza. Si por la mayoría de nosotros fuera, tendríamos más que suficiente con tres, cinco o incluso hasta diez diferentes tonos de verde. En cambio Dios creó mil distintos tonos de verde. ¿No es este un dato significativo de lo generoso que es Dios con nosotros? ¿No debería un dato así, estimularnos a adorar y alabar a Dios? Polo Giménez escribió “mil distintos tonos de verde” dedicados a la belleza de Catamarca, pero el salmista nos enseña que Dios creó todo el universo como una canción a la gloria de su nombre (Salmo 19:1).

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* Para esta entrada, sólo he podido utilizar siete tonalidades de verde… y ya me ha parecido todo un derroche de imaginación. ¡Qué pequeños somos!

Redeemer: una adoración evangelística II

worshipContiuamos con el artículo escrito por Tim Keller “Adoración Evangelística” sobre cómo el culto de adoración puede convertirse en una de las mejores herramientas evangelísticas de la iglesia. Sigue leyendo

Redeemer: una adoración evangelística I

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Esta entrada inaugura una serie de entradas que nos llevarán através de un largo artículo escrito por Tim Keller sobre la eficacia del culto de alabanza y de adoración como uno de los principales métodos evangelísticos a disposición de las iglesias. 

En este documento, Keller presenta la filosofía de Redeemer en relación a la adoración. También hace un análisis de la filosofía de Willow Creek y otras iglesias que insisten en separar la adoración de la evangelización, y de esta manera nos proporciona elementos importantes para la reflexión sobre cómo hacer de nuestras reuniones un lugar en el que no sólamente los creyentes se sientan a gusto, sino que también resulte atractivo para los no-creyentes que vienen buscando y necesitan desesperadamente oír las buenas nuevas del evangelio. Sigue leyendo