¿Es el cristianismo fácil o difícil?

La idea común que todos tenemos antes de convertirnos en cristianos es ésta. Tomamos como punto de partida nuestro yo ordinario con sus varios deseos e intereses. Luego admitimos que algo más –llámese “moralidad” o “comportamiento decente” o “el bien de la sociedad”- le hace reclamos a este yo: reclamos que interfieren con sus propios deseos. Lo que entendemos por “ser buenos” es someternos a estos reclamos. Algunas de las cosas que el yo ordinario quería hacer resultan ser lo que llamamos “malas”; pues bien, debemos renunciar a ellas. Otras cosas, que el yo no quería hacer, resulta ser lo que llamamos “buenas”; pues bien, tendremos que hacerlas. Pero en todo momento tenemos la esperanza de que cuando todas las exigencias han sido satisfechas, el pobre yo ordinario aún tendrá una oportunidad, y un poco de tiempo, de seguir con su vida y con lo que le gusta. De hecho, nos parecemos bastante a un hombre honrado que paga sus impuestos. Los paga, ciertamente, pero tiene la esperanza de que aún le quede un poco de dinero para vivir. Porque aún seguimos tomando nuestro yo ordinario como punto de partida.

(…)

El camino cristiano es diferente: más difícil, y más fácil. Cristo dice: dádmelo todo. Yo no quiero tanto de vuestro tiempo o tanto de vuestro dinero o tanto de vuestro trabajo: os quiero a vosotros. Yo no he venido a atormentar vuestro ser natural, sino a acabar con él… entregadme por entero vuestro ser natural, todos los deseos que creéis inocentes además de aquellos que creéis malos: lo quiero todo. Y a cambio os daré un nuevo yo. De hecho me daré a Mí mismo: mi propia voluntad se convertirá en la vuestra.

C.S. Lewis. Mero Cristianismo.

Cristianismo sin Cristo

cross¿Cómo sería una ciudad donde Satanás tuviera el control total?

Seguro que a nuestras mentes vienen muchas imágenes, posiblemente de tantas películas y referencias a este hecho que hemos llegado a ver. Vienen a nuestra mente imágenes de violencia descontrolada, asesinatos, robos con violencia, excesos de inmoralidad, etc., y por supuesto, nos imaginamos iglesias cerradas y a los creyentes echados fuera, perseguidos y asesinados.

Esta pregunta que he formulado la lanzó un predicador norteamericano, Donald Grey Barnhouse, en un mensaje que se emitió en un programa para la radio CBS. Él dio otro tipo de respuesta, otro escenario totalmente diferente: No sería una ciudad en la que se desbordara la violencia, no habría una total corrupción, ni inmoralidad. Los bares estarían cerrados, la inmoralidad prohibida, calles limpias y ordenadas, en las que encontraríamos buena gente, personas amables, que se saludarían los unos a los otros, los niños serían obedientes a sus padres, y las iglesias estarían llenas cada domingo. Pero serían iglesias en las que no se predicaría a Cristo.

Hace poco ha sido publicado el último libro del pastor norteamericano Michael Horton, titulado “Christless Christianity”, el cual es una respuesta al hecho acerca del camino que están tomando algunas iglesias en su doctrina.

Cristianismo sin Cristo… ¿A qué viene este título? El autor del libro se encuentra en una sociedad en la que existe una iglesia postmoderna, adaptada a las nuevas tecnologías, explotando todos los recursos que tiene a su alrededor, que es culturalmente relevante en su sociedad, que se siente alegre de sus propios logros. Pero como habréis notado, en la descripción que se nos ha dado de la iglesia no se ha mencionado lo que realmente es esencial, lo que debe identificar a una iglesia: Cristo. No hay cabida para él, pareciera.

¿Cómo se puede llegar a este extremo? ¿Realmente es posible llegar a conseguir una iglesia de Cristo sin Cristo? ¿Cuál es la estrategia de Satanás para conseguir apartar a Cristo?

Sencillamente añadiendo algo más a Cristo. Es decir, es necesario Cristo y la obra social, es necesario Cristo y la relevancia cultural, es necesario Cristo y las misiones, etc. No significa que esto segundo sea malo, el problema es que la estrategia consiste en añadir este algo a Cristo, que sin dificultad se convierte en nuestro principal deseo, llegando a hacer sombra a Cristo. Por deseo de ser culturalmente agradables, de ser accesibles, podemos llegar a apartar a Cristo, o retocarlo, porque Cristo es, para el mundo, una ofensa. No se trata de un ataque al cristianismo evidente, claramente reconocible, como lo puede ser la persecución y asesinato que sufren miles de cristianos en varios países del mundo. La estrategia que usa es más sutil: hacer sombra a Cristo, para que éste desaparezca.

Una iglesia de Cristo sin Cristo es su objetivo. Una iglesia llena, totalmente relevante en su sociedad, en la que uno puede llegar a pasárselo bien… pero una iglesia sin Cristo.

El apóstol Pablo era conocedor del peligro de que falsas enseñanzas penetren en la iglesia desviando a los creyentes de la verdad. Estas falsas enseñanzas no son grandes mentiras que atacan la verdad de Cristo, sino sutiles falsedades que poco a poco van desviando este foco de la verdad hacia la mentira. Encontramos en Colosenses 2:8-15 la siguiente advertencia del apóstol a la iglesia en Colosas: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.”

En este momento en el que Pablo les escribe, existe en la iglesia un cierto aire de confusión e inquietud, ya que todavía ejercían algunos de los hábitos de sus antiguas creencias religiosas, difíciles de desarraigar. Había también una permanente presión del medio social colosense y una incesante insistencia de los judaizantes acerca de la sujeción a la Ley mosaica. Pablo les escribe para advertirles del peligro de volver a caer en el paganismo que habían profesado antes de estar en Cristo, aceptando en sus creencias ciertas filosofías y rituales paganos, así como el hecho de introducir ceremonias, tradiciones judías y ciertos elementos místicos, como añadidura a su creencia.

Como podemos ver en la respuesta de Pablo a esta herejía que se estaba introduciendo en la iglesia de Colosas, no se trata de una discusión para desmontar cada una de sus partes. Pablo ni siquiera se refiere a esta herejía por su nombre.

La refutación más eficaz de cualquier herejía es la proclamación clara de la persona y la obra de Cristo, de ahí que el tema de Pablo es la preeminencia de Cristo. Por eso Pablo no discute ninguna de las falsas doctrinas en detalle, sino que simplemente provee la respuesta positiva: Jesucristo es todo lo que necesitamos para reconciliarnos con Dios y para guiar nuestras vidas.

Por ello Pablo en esta declaración está recordando que toda la plenitud de la Deidad habita “corporalmente” en Cristo, no en un sentido místico, sino corporalmente. No que Cristo se asemeja a Dios, que en Cristo podemos encontrar los atributos de Dios, sino que en Cristo está la plenitud de Dios. No es solamente un gran profeta y un gran rey, es el Hijo de Dios, se trata de la segunda persona de la Trinidad.

Las palabras de Pablo en esta carta son muy importantes para nosotros hoy. Nos exhorta a estar alerta. Ésta es la responsabilidad de todo cristiano, no solamente del pastor, o de los diáconos, o de los que están en un ministerio, sino de todos y cada uno de nosotros, porque es fácil ser distraídos de la verdad de Cristo como la única esperanza para nosotros. Pero en lugar de distraernos con estas falsas enseñanzas, debemos concentrarnos en conocer y proclamar la única verdad: no hay nada más que Cristo, solamente en Cristo está la salvación.

John MacArthur, en referencia a este tema, comenta: “Como cristiano tengo un sentimiento de estar completo, ¿no te pasa lo mismo? Mi búsqueda de la verdad ya terminó, ¿la tuya también? No puedo concebir necesitar nunca algo fuera de Jesús.”

Toda la Escritura habla de la total suficiencia de Cristo para toda necesidad espiritual, y una de las declaraciones más claras se encuentra en este texto que hemos leído, donde se nos recuerda que somos completos en Él.

Tener a Cristo significa tenerlo todo, ahora y por la eternidad.

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Primer capítulo del libro “Christless Christianity” disponible en pdf aquí