Freakies bíblicos (y II)

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Seguimos con la segunda parte del artículo sobre Juan el Bautista…

Qué es el cristianismo

Otra posible opción al acercarte a Juan el Bautista sería decir “mira cómo aguanta el sufrimento un siervo de Dios. Aunque no entendía su situación, perseveró hasta el final. Pues bien, ahora ve y haz tú lo mismo” Pero eso no sería justo. De hecho, sería lo más injusto que podríamos hacer con Juan el Bautista. ¿Sabes por qué? Porque toda la vida de este hombre, todo su ministerio, estaba centrado no en señalarse a si mismo, sino en señalar hacia otra persona. En todo momento estaba señalando a aquél que venía tras él. Así que no puedes pensar en Juan el Bautista sólo como un ejemplo a seguir. Seguir leyendo

Freakies bíblicos (I)

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La Biblia está llena de historias, y me gustaría empezar este artículo con el principio y el final de una historia.

Si ha habido una palabra en los últimos años que la gente ha adoptado para describir a alguien, esa es la palabra “freaky”. Uno de los personajes más extraños o freakies de toda la Biblia es Juan el Bautista. Cuando lees la Biblia por primera vez y te encuentras con un hombre vestido de manera extraña, comiendo cosas raras, y con un mensaje que probablemente no entiendes, después de levantar la ceja, probablemente pienses: “¡vaya freaky!

Y seamos honestos, incluso si has leído la Biblia varias veces, sigues encontrando personajes extraños o freakies. Seguir leyendo

3. No pierdas de vista a Cristo

3. No pierdas de vista a Cristo

Tercer mandamiento para el predicador: Seguir leyendo

Predicando a Cristo

“De todo lo que yo pudiera enseñarles, éste es el punto central: predicad a Cristo siempre y por siempre. Él es todo el evangelio, su Persona, sus oficios, su obra, deben ser nuestro gran tema. El mundo necesita oír hablar de Cristo”. C.H.Spurgeon

SpurgeonRecientemente he finalizado la lectura de la biografía de C.H. Spurgeon, escrita por Arnold Dallimore, que nos acerca un poco más a la persona de Spurgeon y a su ministerio. Es una lectura muy interesante porque, citando a J. Oswald Sanders, “leer las vidas de grandes hombres y mujeres consagrados es encender el corazón de uno para con Dios”. Os recomiendo que consigáis una copia de este libro lo antes posible ;).

A continuación os transcribo una historia concerniente al ministerio de Spurgeon, en la que encontramos un ejemplo de vida y ministerio que da testimonio de Cristo.

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Durante la década de los 80, del siglo XIX, un grupo de ministros americanos visitaron Inglaterra, impulsados principalmente por el deseo de escuchar a algunos de los predicadores célebres de aquel país.

Un domingo por la mañana asistieron al City Temple, cuyo pastor era el Dr. Joseph Parker: alrededor de 2000 personas llenaban el edificio, y la enérgica personalidad de Parker dominaba el culto.

Tenía una voz impresionante, su lenguaje era descriptivo, su imaginación vivaz y sus gestos animados. El sermón era escriturario, y la congregación estaba embelesada con sus palabras. Los americanos salieron diciendo: “¡Qué maravilloso predicador es Joseph Parker!”.

Por la noche fueron a escuchar a Spurgeon en el Tabernáculo Metropolitano: el edificio era mucho más grande que el City Temple y la congregación dos veces mayor. La voz de Spurgeon resultaba mucho más expresiva y conmovedora, y su oratoria era notablemente superior.

Pero pronto se olvidaron del magnífico edificio, la enorme congregación y la estupenda voz de Spurgeon – y hasta se olvidaron de comparar los diversos rasgos de los dos predicadores, como se habían propuesto-. Al terminar el culto, se encontraron simplemente diciendo: ¡Qué maravilloso Salvador es Jesucristo!.

“Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” 2 Corintios 4:5-6


¡Campeones!

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Espero que me perdonéis los que no sois seguidores del Barça o a los que esto del fútbol os deja completamente indiferentes. Pero es que no he podido resistirlo… la de anoche fue la espléndida culminación de un año glorioso para todos los que nos sentimos identificados con los colores del Fútbol Club Barcelona. Ayer estalló la euforia blaugrana y, por todas partes en Catalunya, en muchos rincones de España -hasta en la Cibeles- allí por donde quiera que hubiese un seguidor del Barça y, cómo no, también en Roma se oía el mismo grito, la misma canción: ¡We are the champions! ¡Campeones!

Este es un fenómeno muy propio en el mundo del deporte… ya se trate de baloncesto, tenis, motociclismo o atletismo; aunque en el fútbol se vive de una manera especial. La afición se identifica hasta tal punto con el equipo, que la victoria de esos once chavales que corren con pantalones cortos tras un balón, es celebrada por millones de personas de toda condición (hombres, mujeres, niños, ancianos, sanos, enfermos, ricos o pobres) como si fuera propia; aunque quienes se han dejado la piel sobre el terreno de juego hayan sido ellos y no nosotros. A pesar de ello, cantamos ¡Somos campeones! La identificación es total y como que de alguna manera, nos vemos reforzados en nuestra autoestima o sentido de valor propio.

Sin duda, una de las historias bíblicas más conocidas, incluso por aquellos que no conocen la Biblia, es la del enfrentamiento desigual entre un joven pastor de ovejas (David) y un experimentado guerrero de dimensiones gigantescas (Goliat). J.D. Greear, uno de los nuevos valores fichados por theresurgence.com, escribe lo siguiente sobre el enfrentamiento de David contra Goliat:

Por regla general, la manera en que se enseña este pasaje es como sigue: ‘Al igual que David, nosotros también tenemos gigantes a los que hemos de hacer frente en nuestras vidas. A través del poder de Dios, podemos derribar a estos gigantes, tal y como David derribó a Goliat.’ Sin embargo, el propósito principal del relato no era simplemente señalar la capacidad que tenemos para derrotar a los gigantes que se nos presentan en la vida, sino más bien que el joven David, despreciado por sus hermanos, se enfrentó y venció al gigante que tenía completamente paralizado a Israel, y que por medio de su victoria todo Israel fue salvado (aunque ninguno de ellos, excepto David, levantó un solo dedo para luchar contra Goliat). Con todo, la victoria de David fue la victoria de todo Israel. De esta manera, David nos señala a Jesús; porque Jesús es el ‘gran David’ que venció al ‘gigante’ que representa nuestra separación de Dios.” (Leer original aquí).

Gracias a la victoria de Jesús en la cruz, venciendo al pecado y a la muerte, nosotros también somos vencedores. Su victoria es nuestra victoria y en él somos más que vencedores. Éste es el mensaje que encontramos en la Biblia, un mensaje que pretende explicarnos no tanto qué es lo que nosotros debemos hacer por Dios, sino más bien lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. Como los once de Pep Guardiola o como David frente a Goliat, Jesús en la cruz del Calvario hizo todo el trabajo, y el crédito es para muchos otros. Es por su obra, no la nuestra, que somos salvos… es por lo que él hizo que nosotros, entonces, podemos presentarnos delante de Dios y recibir crédito… no por lo que nosotros somos o hemos hecho, sino por lo que Cristo es e hizo; y e base a esto cantar victoria.

Por lo tanto, nos anima Greear en su artículo, no tenemos que preocuparnos tanto de los llamados gigantes de la vida, ya sea la enfermedad o el fracaso en nuestra aspiración laboral. A través de la obra de Jesús en la cruz, la muerte ya no tiene poder sobre nosotros o la frustración personal no podrá hacer estragos con nuestro sentido de valor propio. En Jesús, ¡la victoria es nuestra!

Tres clases de personas

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En una entrada anterior (tres caminos), Tim Keller citaba un ensayo -casi desconocido- de C.S. Lewis titulado Tres clases de personas. En el siguiente párrafo puedes leer un poco acerca de esta manera en la que -a la luz del evangelio- Lewis y otros autores cristianos han clasificado a la humanidad.

 

En el mundo existen tres tipos de personas. La primera clase son aquellos que sencillamente viven para sí mismos, tratando al ser humano y a la naturaleza como simple materia que puede ser usada según la conveniencia de cada cual.

En el segundo grupo se encuentran aquellos que reconocen una demanda o principio de autoridad por encima de sí mismos – la voluntad de Dios, un imperativo categórico o el bien de la sociedad- y con toda honestidad tratan de no seguir sus propios intereses más allá de lo que les permita ese principio de autoridad. Tratan de cumplir en su totalidad con la ley de esa demanda como si estuviesen pagando impuestos, pero en realidad desean (como todo pagador de impuestos) que les quede lo suficiente para poder ir tirando. Sus vidas se encuentran divididas en dos como lo están las vidas de un militar o de un colegial; el uno,  cuando desfila o cuando no desfila, el otro cuando está en la escuela o cuando no está en la escuela.  

Por último, la tercera clase de gente son aquellos que pueden decir con el apóstol Pablo que para ellos “el vivir es Cristo”. Estas personas se han quitado de encima  la penosa tarea de vivir tratando de compensar el reclamo rival que existe entre el ego y Dios, simplemente, rechazando de plano las exigencias de su propio ego. Así, la vieja tendencia egoísta de la voluntad es reorientada hacia una nueva dirección y recreada en algo completamente nuevo. Para estas personas, la voluntad de Cristo deja de ser percibida como una limitación a la voluntad personal, y pasa a ser vivida como si fuera propia.”

 

* Traducido de dogmadoxa.blogspot.com 

¡Cristo Resucitó!

En estos días de Semana Santa, además del descanso merecido -ya sea en la ciudad, en la playa o en la montaña; los cristianos del mundo entero celebramos la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Por estas fechas son típicas las Monas de Pascua, las procesiones y la retransmisión de películas (como La Pasión de Cristo de Mel Gibson) en televisión. Desde kerigma.net queremos contribuir -de forma sencilla, pero significativa- para que no perdamos de vista este carácter de celebración en la que debería ser la fecha más importante en nuestro calendario cristiano.

Esperamos que os guste el siguiente video clip de shiftworship.com que, de una forma tan sencilla, nos recuerda la verdad tan profunda y fundamental de la fe cristiana de que Cristo no sólo murió, sino también resucitó para nuestra salvación.

 

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