Falsos dioses

Tim KellerPocas veces tenemos el privilegio de escuchar o de leer a un gran predicador hablar o escribir con tanta honestidad como lo hace Tim Keller en este artículo que ayer subió en el blog del Redeemer Church Planting Center.

Espero que su lectura cause inquietud en los corazones y deseo de indagar más en la verdad del evangelio hacia la que señala tan acertadamente.

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A buen entendedor…

a buen entendedorMark Driscoll resume, en muy pocas palabras, porqué Jesús es la única respuesta a la cultura de idolatría a nuestro alrededor tan bien plasmada y popularizada, entre otros, por los Rolling Stones con el archiconocido lema “sexo, droga y rock and roll.” A buen entendedor, pocas palabras bastan.

  • Los ídolos te despojan; Jesús te da.
  • Los ídolos destruyen tu vida; Jesús ofrece una nueva vida.
  • Los ídolos separan a la gente y provocan ruptura en las relaciones; Jesús redime y trae sanidad.

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* Tomado de theresurgence.com, donde anuncian la retransmisión de una entrevista a Driscoll en un programa de la ABC sobre los 10 mandamientos.

Predicar desde una triple perspectiva

ideas3El pensamiento de esta entrada es la traducción de una breve reflexión acerca de la finalidad que se persigue en la predicación. El autor es un tal Tullian Tchividjian, que dicho así pues.. lo cierto… como que no nos parece ni bien ni mal, ¿verdad? Pero, tal vez a más de uno le resulte algo “curioso” saber que el tal Tullian es pastor y profesor de teología (por lo tanto, no habla sólo desde la teoría, sino también desde la práctica de lo que es la predicación). Así que lo que nos propone, aunque sea de una forma tan breve y sencilla, no deja de ser una seria reflexión bíblica.

Pero, si aún todo lo dicho hasta ahora no ha conseguido despertar, ya no digo el interés, pero sí al menos la “curiosidad” de más de uno… además resulta que Tullian Tchividjian es nieto de Billy Graham; nada más y nada menos que el predicador evangélico más conocido del s.XX. Ya sea para bien o para mal, estoy seguro que alguna cosa aprenderemos sobre la predicación leyendo esta entrada que puede leerse en su versión original aquí.

Para ser un predicador fiel, uno tiene que hacer exégesis desde lo que podríamos llamar una triple perspectiva. Es decir, tiene que comprometerse a hacer exégesis de la Biblia, exégesis de la cultura y exégesis del corazón o la condición humana. Algunos predicadores dicen que si haces una buena exégesis de la Biblia, no tienes porqué preocuparte en hacer exégesis de la cultura o del corazón. Sin embargo, esta posición parece ignorar que la misma Biblia nos exhorta a aplicar los principios y la norma bíblica tanto a la vida como al mundo en el que vivimos.

Yo mismo, como predicador, me beneficio enormemente al poder escuchar  a un gran abanico de predicadores. En algunos casos aprendo qué es lo que debo hacer, en otros casos aprendo lo que no debo hacer; Pero de todos y en cada caso aprendo alguna cosa. Mientras algunos de estos predicadores me enseñan a ser un mejor exegeta de la Biblia, otros me enseñan a serlo de la cultura; Finalmente, otros me enseñan cómo ser un mejor exegeta del corazón o de la verdadera condición humana (en este caso los puritanos son los mejores). Pero todo predicador debería aspirar poder desarrollar esta triple perspectiva en el contexto de cada sermón.

Los predicadores deben aprender cómo desvelar y poner de manifiesto la verdad del evangelio desde cada pasaje que predican de la Biblia, de tal manera que el resultado sea que los ídolos de nuestra cultura y de nuestros corazones queden claramente expuestos. Cuando la Biblia es predicada con fidelidad, ésta no solo revela a Cristo como nuestro Salvador sino que la fiel exposición de la Palabra lo que hace también es revelar de una forma clara aquellos pseudo-salvadores en quienes a menudo estamos depositando nuestra confianza, ya sea a nivel cultural como personalmente. En este sentido, cada sermón debería poner en evidencia la manera tan sutil en la que acabamos dependiendo de otras cosas, que no son Cristo, y de las que esperamos que nos proporcionen seguridad, el sentirnos aceptados, protegidos, un sentido y propósito en esta vida y, en definitiva, una satisfacción que sólo Cristo puede proporcionar. Por lo tanto, un buen predicador lo que tiene que hacer es esforzarse para mostrar constantemente lo relevante y necesario que Jesús es para nosotros, puesto que somos grandes pecadores; pero que en Él tenemos un gran salvador. 

Hablando de idolatría en una era postmoderna, II

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Segunda y última parte del artículo de Tim Keller acerca del concepto de idolatría y su aplicación a nuestro tiempo.

Por ejemplo, imaginemos que una persona engaña con sus impuestos. ¿Por qué lo hace? Bueno, dices, porque es un pecador. Sí, pero, ¿por qué el pecado toma esa forma? La respuesta de Lutero sería que el hombre sólo engaña porque está haciendo del dinero y las posesiones –y el estatus y la comodidad de tener más- algo más importante que Dios y su favor. O digamos que una persona miente a un amigo en vez de perder su prestigio delante de él por algo que ha hecho. En este caso, el pecado subyacente es hacer de la aprobación humana o de la reputación algo más importante que la justicia que tienes en Cristo. La Biblia, por tanto, no considera la idolatría como un pecado entre muchos (y un pecado extraño que solo se encuentra en gente primitiva) En vez de eso, todos nuestros fracasos en confiar plenamente en Dios o vivir de manera justa tienen como raíz la idolatría –algo que hacemos a lo que damos más importancia que a Dios. Siempre hay alguna razón para cometer un pecado. Bajo nuestros pecados se esconden deseos idólatras.

La idolatría en la cultura postmoderna:

La enseñanza bíblica acerca de la idolatría es de mucha ayuda para la evangelización en un contexto postmoderno. La forma típica en la que los cristianos definen el pecado es desobedecer la ley de Dios. Está claro que explicado de forma adecuada esa es una definición correcta y suficiente. Pero la ley de Dios incluye tanto pecados de omisión como de acción, e incluye tanto las actitudes de nuestro corazón como nuestra conducta. Esas actitudes incorrectas son normalmente deseos y motivaciones desenfocados –formas de idolatría. Sin embargo, cuanto más nos oigan nuestros oyentes definir el pecado como “desobedecer la ley de Dios”, todo el énfasis en sus mentes recae sobre lo negativo (pecados de acción) y en lo externo (comportamiento en vez de actitudes) Por lo tanto hay razones importantes que nos indican que “desobedecer la ley” no es la mejor manera de definir el pecado para los oyentes postmodernos. Normalmente empiezo a hablar del pecado a un no cristiano joven y urbano de esta manera:

El pecado no es sólo hacer cosas incorrectas, es fundamentalmente convertir cosas buenas en sí mismas en lo más importante. El pecado es construir tu vida y tu significado en cualquier cosa, incluso cosas buenas, en vez de en Dios. Aquello sobre lo que construimos nuestra vida nos va a conducir y nos esclavizará. El pecado es sobretodo idolatría.

¿Por qué es ésta la mejor forma? Primero, esta definición de pecado incluye a un grupo de gente al que los postmodernos conocen muy bien. La gente postmoderna cree de forma acertada que muchos males han sido llevados a cabo por gente religiosa con pretensiones de superioridad moral. Si decimos “el pecado es desobedecer la ley de Dios” sin un buen trabajo explicativo, parece que la gente “farisea” que han conocido tienen la aprobación de Dios y la mayor parte de la otra gente no. Está claro que los fariseos son bastante exigentes en su obediencia a la ley moral, y por tanto (para el oyente) parecen ser la verdadera esencia de lo que debería ser un cristiano. Un énfasis en la idolatría acaba con este problema. Como Lutero señala, los fariseos, aunque no reverencian a ídolos literales, están mirando a sí mismos y a su bondad moral para conseguir su justificación, y por lo tanto están desobedeciendo el primer mandamiento. Su moralidad era una motivación auto-justificadora y por lo tanto patológica espiritualmente. En el centro de toda su obediencia a la ley estaban en realidad rompiendo las más fundamentales de todas las leyes. Cuando damos definiciones y descripciones del pecado a la gente postmoderna, lo debemos hacer de manera que no sólo rete a las prostitutas a cambiar, sino también a los “fariseos”.

Hay otra razón por la que necesitamos una definición diferente del pecado para la gente postmoderna. Los postmodernos son relativistas, y en el momento que dices, “Pecado es romper los estándares morales de Dios”, ellos contestarán, “Bueno, ¿pero quién dice qué estándares morales son los correctos?¡Cada persona tiene los suyos! ¿Qué hace pensar a los cristianos que los suyos son los únicos estándares morales correctos?” La forma habitual de responder a esto es desviar el tema desde la presentación del pecado y de la gracia hacia una discusión apologética sobre el relativismo. Está claro que la gente postmoderna debe ser desafiada en su idea demasiado blanda de la verdad, pero creo que hay una manera de seguir hacia delante y realmente hacer una presentación creíble y convincente del Evangelio antes de meternos en temas de apologética. Yo lo hago así, cojo una página del libro de Soren Kierkegaard, La enfermedad mortal, y defino el pecado como construir tu identidad -tu autoestima y felicidad –en cualquier cosa que no sea Dios. En vez de decirles que están pecando porque duermen con sus novias o novios, les digo que están pecando porque están mirando a sus carreras y relaciones para que los salven, para que les den todo lo que deberían buscar en Dios. Esta idolatría lleva a la desorientación, a adicciones, ansiedad severa, obsesión, envidia de los demás, y resentimiento. Me he dado cuenta de que cuando describes sus vidas en términos de idolatría, la gente postmoderna no ofrece mucha resistencia. Dudan de que exista alguna alternativa a este estilo de vida, pero admiten tímidamente que eso es lo que están haciendo. También me he dado cuenta de que eso hace el pecado algo más personal. Convertir a algo en un ídolo significa darle el amor que deberías estar dándole a tu Creador y Sustentador. Describir el pecado no sólo como la violación de la ley sino también como amor es más convincente. Naturalmente que una descripción completa del pecado y de la gracia incluye reconocer nuestra rebelión contra la autoridad de Dios. Pero me he dado cuenta de que si la gente es convencida de que su pecado es básicamente idolatría y amor mal orientado, es más fácil mostrarles que uno de los efectos del pecado es no querer reconocer su hostilidad hacia Dios. De alguna forma, la idolatría es como la adicción pero a escala mayor. Estamos atrapados por nuestros ídolos espirituales tal como la gente está atrapada por la bebida y la droga. Vivimos sin reconocer hasta qué punto llega nuestra rebelión contra el gobierno de Dios tal como los adictos viven en la negación de hasta qué punto están pisoteando a sus familias y seres queridos.

El tema bíblico de la idolatría tiene muchas más implicaciones para el ministerio en una sociedad postmoderna que lo que hemos discutido. No sólo es una clave para el evangelismo, también es crucial para el discipulado y la consejería, como David Powlison ha mostrado en sus muchos escritos sobre el tema. (Ver su accesible ensayo “Idols of the Heart and Vanity Fair”, disponible en varios sitios web )

Los calvinistas holandeses han mostrado que la mejor manera de analizar las culturas es identificando sus ídolos colectivos. De hecho, cada campo de trabajo y de estudio tiene sus ídolos dominantes, como los tienen los partidos políticos y las ideologías. Mientras las sociedades seculares convierten en ídolo a la razón humana, otras sociedades más tradicionales convierten en ídolo a la familia o a la pureza racial. En sus recientes memorias, Easter Everywhere (memoir), Darcey Steinke nos cuenta cómo ella, la hija de un ministro luterano, dejó su profesión de fe cristiana. Trasladándose a New York entró en una vida en la que iba de club en club y vivía marcada por la obsesión sexual. Escribió varias novelas. Sin embargo, continuó sintioéndose extremadamente inquieta y vacía. En la mitad del libro cita a Simone Weil resumiendo el tema más importante en su vida: “uno tiene que escoger entre Dios y la idolatría”, escribió Weil. “Si uno niega a Dios… está adorando a algunas otras cosas de este mundo en la creencia de que uno las ve como simplemente eso, pero de hecho, aunque sin ser consciente de ello, imaginando los atributos de la Divinidad en ellas” Stephen Metcalf, escribiendo una reseña de la memorias en el New York Times llama a la cita de Weil “extraordinaria” Esto da testimonio de lo penetrante que puede ser el concepto de idolatría para la gente postmoderna.

Parte 1

Hablando de idolatría en una era postmoderna, I

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1ª parte de la adaptación al castellano de un artículo de Tim Keller (Talking About Idolatry in a Postmodern Age) El original está accesible en inglés en una web muy recomendable: thegospelcoalition.org

Cuando empecé a leer a lo largo de toda la Biblia busqué algunos temas unificadores. Llegué a la conclusión de que hay muchos y que si tenemos que hacer de un tema “el tema” (como “pacto” o “reino”) corremos el peligro de ser demasiado reduccionistas. Sin embargo, una de las formas de leer la Biblia es ver cómo las generaciones anteriores vivieron la lucha entre la fe y la idolatría. En el principio, los seres humanos fueron creados para adorar y servir a Dios, y para gobernar en el nombre de Dios sobre todas las cosas creadas (Gén. 1:26-28)
Pablo entiende el pecado original de la humanidad como la idolatría: “Cambiaron la gloria del Dios incorruptible…honrando y dando culto a las criaturas antes que al creador” (Rom. 1:21-25) En lugar de vivir para Dios, empezamos a vivir para nosotros mismos, o para nuestro trabajo, o para conseguir bienes materiales. Hemos invertido el orden original. Y cuando empezamos a adorar y a servir a las cosas creadas, paradójicamente, las cosas creadas empiezan a gobernarnos. En vez de ser los “vice-regentes” de Dios, gobernando la creación, ahora la creación nos gobierna. Ahora estamos sujetos al deterioro, las enfermedades y los desastres, y al final volvemos al polvo –el polvo “gana” (Gén. 3:17-19) Vivimos para hacernos un nombre pero nuestros nombres son olvidados. Aquí en el principio de la Biblia aprendemos que la idolatría significa esclavitud y muerte.
Los 2 primeros mandamientos y las leyes más básicas (una quinta parte de todas las leyes de Dios para la humanidad) son contra la idolatría . El libro de Éxodo no ve una tercera opción entre la fe verdadera y la idolatría. O bien adoraremos al Dios que no ha sido creado, o adoraremos a alguna cosa creada (un ídolo) No existe la posibilidad de no adorar a nada. El texto clásico del Nuevo Testamento es Romanos 1:18-25. Este pasaje tan extenso sobre la idolatría se entiende habitualmente como refiriéndose a los paganos gentiles, pero en vez de eso debemos reconocerlo como un análisis de lo que es el pecado y de cómo actúa. El v. 21 nos dice que la razón por la que nos volvemos a los ídolos es porque queremos controlar nuestras vidas, aunque sabemos que le debemos todo a Dios. “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias…” El v. 25 nos explica la “estrategia” para conseguir el control –escoger las cosas creadas, poner nuestros corazones en ellas y construir nuestras vidas alrededor de ellas. Como necesitamos adorar a algo, porque estamos hechos así, no podemos eliminar a Dios sin crear un substituto de Dios. Los v. 21 y 25 nos dan 2 de los resultados de la idolatría:

1. Engaño –“se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido…” y
2. Esclavitud – “adoraron y sirvieron” a cosas creadas

Aquello a lo que adoramos es aquello a lo que serviremos, ya que adoración y servicio siempre van juntos. Somos seres que establecen pactos. Entramos en un “pacto de servicio” con aquello que más captura nuestra imaginación y corazón. Nos atrapa. Así que toda comunidad, personalidad, forma de pensar y cultura humanas, estarán basadas en algún tema primordial o algún pacto primordial –o bien con Dios o bien con algún sustituto. Individualmente, vamos a poner nuestros ojos principalmente o bien en Dios o en el éxito, el romance, la familia, el estatus, la popularidad, la belleza, o alguna otra cosa que nos haga sentir personalmente significativos y a salvo, y que guíe nuestras decisiones. Culturalmente vamos a poner nuestros ojos principalmente o bien en Dios o bien en el libre mercado, el estado, las elites, la voluntad del pueblo, la ciencia, la tecnología, la fuerza militar, la razón humana, el orgullo racial, o alguna otra cosa que nos haga significativos, nos salve de forma corporativa, y guíe nuestras decisiones.

Nadie comprendió esto mejor que Martín Lutero, que une el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento de forma remarcable en su exposición de los 10 mandamientos. Lutero vio como la ley del Antiguo Testamento contra los ídolos y el énfasis del Nuevo Testamento en la justificación por la fe sola son esencialmente lo mismo. Dijo que los 10 mandamientos empiezan con 2 mandamientos contra la idolatría. Es por eso que el problema fundamental al desobedecer la ley es siempre la idolatría. En otras palabras, nunca rompemos los demás mandamientos sin antes romper la ley contra la idolatría. Lutero entendió que el primer mandamiento trata acerca de la justificación por la fe, y no creer en la justificación por la fe es idolatría, que es la raíz de todo lo que desagrada a Dios.

Aquellos que no confían en Dios en todo momento, y en todas sus obras o sufrimientos, vida y muerte no confían en su favor, gracia y buena voluntad, sino que buscan su favor en otras cosas o en sí mismos, no obedecen este [primer] mandamiento, y practican una idolatría auténtica, aunque hicieran las obras de todos los demás mandamientos, y a esto añadiesen todas las oraciones, toda la obediencia, paciencia, y castidad de todos los santos juntos. Porque lo principal no está presente, y sin eso todo lo demás es mero fingimiento, espectáculo y pretensión, con nada en su interior… Si dudamos o no creemos en que Dios está lleno de gracia hacia nosotros y está satisfecho con nosotros, o si presuntuosamente esperamos agradarle sólo a través de nuestras obras, entonces todo es puro engaño, honrando a Dios externamente, pero internamente poniéndonos a nosotros mismos como un [falso] salvador… (Parte X, XI) Extractos de Martín Lutero, Treatise Concerning Good Works (1520)

Aquí Lutero dice que la incapacidad de creer que Dios nos acepta totalmente en Cristo –y buscar en algún otro lugar para nuestra salvación, es un fracaso en el intento de obedecer el primer mandamiento, es decir, no tener otros dioses delante de Él. Tratar de conseguir tu propia salvación a través de una justicia de obras es romper el primer mandamiento. Luego nos dice que no podemos obedecer verdaderamente ninguna de las otras leyes, a no ser que obedezcamos la 1ª ley –contra la idolatría y la justicia de las obras. Así que detrás de cualquier pecado en particular está el pecado de rechazar la salvación de Cristo y caer en la auto-salvación.

Continuará…

Parte 2