Lecturas de verano… para la gloria de Dios (2 de 2)

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Después de una pausa (obligada por las vacaciones), hoy continuamos esta reflexión sobre algunas lecturas de verano que no deben alejarnos del propósito principal de nuestra existencia…  aún en medio de unas merecidas vacaciones, pues vivimos para la gloria de Dios. Sigue leyendo

Lecturas de verano… para la gloria de Dios (1 de 2)

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El Catecismo Menor de Westminster (Edinburgo, 1648) empieza con una pregunta:¿Cuál es el fin principal del hombre? A lo que se espera que el que está siendo instruido sea capaz de contestar: El fin principal del hombre es glorifi­car a Dios, y gozar de él (disfrutar de su presencia) para siempre. ¿Tiene base bíblica esta declaración? Por supuesto, y como muestra el catecismo nos señala los siguientes versículos: Romanos 11:36 porque de él, por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos”; I Corintios 10:31 Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” y el Salmo 73:25,26 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”

¿Qué importancia tiene la gloria de Dios para que sea éste un tema tan recurrente a lo largo de las Escrituras, tal y como el Salmo 29:2 ilustra de una forma tan clara? En lo que resta de esta entrada (la última que cuelgo –en dos partes- hasta que vuelva de vacaciones de aquí a unos 15 días), trataré de responder a esta pregunta simplemente recomendando dos libros para vuestra lectura este verano. Se trata de dos libros de naturaleza muy distinta, como distintos son también entre sí sus respectivos autores. Uno fue escrito por uno de los autores más prolíficos y preferidos por muchos cristianos evangélicos… no sólo en Estados Unidos (donde vende millones de copias al año), sino también en Latinoamérica, en España y en muchos otros países donde sus más de 50 obras han sido traducidas. Sigue leyendo