Empieza la cuenta atrás…

Todavía no hemos cumplido un año de vida como kerigma.net, pero desde hace un tiempo venimos preparando algunos cambios que, esperamos, faciliten el uso para aquellos que nos visitáis con frecuencia y, por supuesto, también esperamos que sea de vuestro agrado.

Así que hoy empieza oficialmente la cuenta atrás (si todo va bién, hasta el lunes 2 de noviembre) para el cambio de imagen que ya anunciamos hace unas cuantas semanas. De momento os dejamos con la imagen del logo que aparecerá a la cabecera del nuevo blog:

kerigma_logo

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Nueva imagen

Como habréis podido notar, estos últimos días no son tantas las entradas que vamos publicando. El motivo, no es otro que un cambio de imagen. Aún nos ha de llevar un poco de tiempo tenerlo todo a punto… pero esperamos que no sea demasiado.

De todos modos, ahora podéis echar un vistazo en esta captura de lo que será nuestra nueva (y esperamos que mejor y más “user-friendly”) imagen. Gracias por vuestra paciencia; y si tenéis algún comentario o sugerencia que pudiera ayudarnos a mejorar el blog, no dudéis en dejarnos una nota.

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Hablar de lo que el mundo no sabe

El 14 de abril de 1912, el mundo entero fue sacudido por la tragedia del Titanic. Años después, el famoso teólogo suizo Karl Barth (por aquél entonces un joven pastor de 26 años) reflexionaba sobre su manera de predicar antes y después de que el Titanic se hundiera:

Durante el tiempo que fui pastor… a menudo sucumbí a la tentación de tratar de caminar de cerca, junto a la congregación, pero de una manera equivocada. Tal era así que en 1912, cuandoNew_York_Times_Titanic_Sinking_cropped-418x273 el hundimiento del Titanic sacudió al mundo, sentí que tenía que hacer de esa tragedia el tema principal para el siguiente domingo, lo cual resultó en una monstruosidad de proporciones similares.”  

Fred Sanders (teólogo evangélico) escribe lo siguiente sobre aquél sermon de Karl Barth:

El Seminario preparó a Barth en la más clásica tradición del cristianismo liberal.  Pasó a ocupar el púlpito con un bagaje de ideas débiles, con insuficiente fundamento bíblico y, en última instancia, sin ninguna relevancia para la gente de a pie. En aquél sermón sobre el Titanic, se puede ver cómo trataba de hacer uso de su liberalismo para afrontar situaciones catástróficas. Le sirvió lo sufiente como para hablar del tema, pero poco más. El sermón fue un desastre, apenas se mantuvo a flote y acabó por hundirse de inmediato. Sin embargo, la carrera de Barth como predicador continuó adelante hasta que, a los pocos años, estalló la Primera Guerra Mundial; resultando ser un reto aún más titánico para el débil [¿debilitado?] cristianismo [con el que el joven Karl Barth había salido para el ministerio] después de sus años de estudio en el seminario. En esas circunstancias, Barth no pudo hacer frente al mundo real con la fina capa de compromiso bíblico que caracteriza al liberalismo teológico.

Fue en ese momento cuando dejó de predicar titulares, cuando paró de intentar decirle a su congregación cuál de los sistemas económicos era el que Dios desaprobaba o de tratar de adivinar qué es lo que Dios pretendia por medio del último desastre natural; a partir de allí empezó a predicar desde lo que él llamaba ‘el extraño nuevo mundo de la Biblia.’ Fue entonces cuando descurbió que tenia algo de qué hablar que el mundo todavía no sabía.”  

*Traducido y adaptado de theocentricpreaching.com